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Politicamente incorrecto
Debo haber tenido unos 14 años, cuando una tarde leía en la habitación de mis padres, en su hacienda cerca a Paute, donde pasábamos vacaciones cada año. La casa de hacienda era de por sí una biblioteca, con estanterías de libros en cada habitación. Ya para entonces habían quedado atrás los libros de Salgari, Verne y Dumas, y me aventuraba en una especie de estantería prohibida, donde estaban los de Nietzsche, Goethe y otros. De pronto entró mi padre, y este relato es el recuerdo de una de las conversaciones más valiosas que tuvimos. Me preguntó si había pensado qué quería ser de adulto. Para entonces, mi hermano mayor, Jorge, era médico y el intermedio, Alfredo, estudiaba medicina. Ambos como él. Yo le dije que quería ser escritor, que leer y escribir era lo que me gustaba. Me sonrió y alentándome hablamos de muchas cosas aquella tarde. Al final, luego de un par de horas, me dijo que lo más importante para un escritor era escribir lo que se piensa y siente, aunque a la gente no le guste, pues no se escribe para agradar, se escribe para encender la luz.
Hace pocos días se admitió a trámite la consulta sobre la legalidad del matrimonio entre personas del mismo sexo y la Corte Constitucional deberá pronunciarse pronto. Algunas encuestas hablan de que apenas el 20 % de la población aprueba el tema, lo cual posiblemente ha hecho que los políticos miren para otro lado. Para mí hay derechos que son indivisibles, como la autodeterminación y la felicidad de compartir la vida con quien se decide; y los heterosexuales no tenemos el derecho de limitar aquello.
Algunos piensan que este tema no es legal sino moral, y creo que tienen razón. Al final, tenemos la obligación moral de luchar porque nuestros hijos y quienes los sucedan, fundamenten sus actos en costumbres, creencias y valores de respeto al ser humano, y el derecho de cada uno a alcanzar la felicidad. Ciertamente desvié mi vida, abandonando el sueño de ser escritor por ser empresario, pero hoy no te voy a fallar papá, agazapándome en el silencio, sin expresar mis convicciones, aunque sea políticamente incorrecto.