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Politica, apariencia y mentira
La política es real e histórica. Solo de ese modo se puede ser ciudadano, de lo contrario, las sociedades, así como su creación histórica, la democracia, no existirían. Tampoco sería viable el contrato social que asegura la convivencia y la paz. Sin embargo, la suelen desviar de su “cauce natural”. De esto se encargan los demagogos y quienes piensan que se debe acceder al poder a cualquier precio, puesto que “el fin justifica los medios”. Esto es posible porque la política se hace en un escenario público que puede ser tomado, distorsionado y falseado, de lo cual se encargan mentirosos y especialistas en manejar muy bien el discurso, la sabatina, el eslogan, la consigna, la propaganda y la cadena “informativa” (¿?) obligatoria. Pero también la melosa-pegajosa propaganda y los “singles”, canciones y múltiples formas de atrapar, cooptar la conciencia y lavarla sutilmente.
Esto es posible porque “los humanos como los animales cuentan con una habilidad innata para mantener la apariencia a la hora de engañar. Por esto es tarea y acción obligada descubrir la verdadera identidad de un animal. Tras su calor temporal para adaptarse, parece bastante necesario el tratar de desenmascarar a un hipócrita” (Arendt).
Esta tarea de develar-descubrir-desenmascarar a los hipócritas que se disfrazan de mesías, líderes, salvadores, buenos y sabios dirigentes, demagogos, farsantes e hipócritas de la política no es tarea ni acción de los partidos. Ahí ellos viven. Desde ahí diseñan y accionan sus estrategias. Hay que ir a otro campo. Atreverse a ser ciudadano razonante y crítico. Sobre todo no salir del ámbito de la sociedad que creó al Estado y se sirve de él (y no a la inversa, como quieren algunos).
Efectuarlo no es fácil. Para esto hay que atreverse a ser un activo actor y sujeto político. Esto disgusta a los partidos, cuanto a líderes tóxicos y autoritarios, pues va a contracorriente de lo que algunos dirigentes buscan y pretenden. Pero hay que realizarlo. Solo así se es ciudadano deliberante y actor social de cambio. No hacerlo es dejar que la “apariencia” creada por los mentirosos de la política sea la única realidad, la que ellos imponen.
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