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Una polemica cortina
Llámese venda, llámese cortina, anzuelo, distracción. Como sea. Lo cierto es que el panorama de la política está centrado y concentrado en una serie de lanzamientos de objetos cortopunzantes, en forma de reproches, fotos e ingresos cuestionables moralmente, que intercambian desde la presidencia actual hasta la pasada y viceversa. Y, entre tanto espectáculo, los pacientes con enfermedades catastróficas no consiguen medicamentos ni siquiera con victorias en los tribunales que obligan al sistema de salud pública a dárselos. Y los habitantes de las zonas inundadas reciben un generoso bono -por una sola vez- de 50 dólares para sobrevivir a unas lluvias que se han llevado sus casas, sus ahorros y sus escasos bienes productivos.
Y los empleados del sector público, sacrificados en nombre del bien común con el objetivo de tener una economía próspera en algún futuro, buscan reubicarse en un mundo laboral donde prodiga la informalidad y, eventualmente, la flexibilidad. Y así se podría seguir hasta enumerar los problemas o asuntos por resolver que sí afectan y preocupan al más pequeño de los actores políticos, el ciudadano, mientras los que están arriba de la cadena decisoria se entretienen con sus pugnas como en las buenas épocas circenses.
En nombre de la impunidad y de la purga a la corrupción, la atención de las autoridades se desvía hacia temas que, sin dejar de ser importantes o trascendentales, en nada contribuyen a la mejora de la existencia cotidiana de los ecuatorianos.
Si cada autoridad se apegase desde su espacio - ya sea local, provincial, nacional, legislativo o institucional- al mandato que, en realidad, rige la creación de todos esos puestos que no es otro que el servicio público, más tiempo dedicarían a estudiar y buscar soluciones -no eslóganes- a los problemas de todos, en lugar de a medir qué tan impactante y desgastante es para uno mismo o para el otro el último ataque cruzado.
Y eso, en la práctica, deja un mensaje claro a los mandantes: quienes nos representan deberían autoexaminarse para ver si están cumpliendo con responsabilidad el rol encomendado. Luego, si no es así, llegan las sorpresas electorales y los cuestionamientos sobre dónde nace tanto descrédito social hacia el mundo de la política.