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El panadero que creo su propia flota de buses

El manabita Carlos Orellana logró convertirse en un próspero empresario en Playas. Luchó desde abajo para prosperar

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Veía el permiso de operación de su compañía de Transporte Grupslo S.A. que le otorgó la Unidad de Tránsito Municipal, tras dos años de gestiones, y sus ojos se humedecieron. Había logrado un sueño más, aquel que inició cuando tenía 20 años y estaba recién llegado a Playas de su natal Manabí.

En Playas empezó a ganar su sustento vendiendo pan en las madrugadas y helados por la tarde. “Me decían ‘Panamito’, el nombre de un pan que aún se vende”, recuerda Carlos Orellana, emprendedor de 75 años, padre de tres hijos y hoy dueño de siete unidades de transporte y un negocio de llantas y accesorios de vehículos.

Antes de tener estos bienes pasó hambre y necesidades, recuerda. Recorría las calles ofreciendo sus productos y ahorrando hasta el último centavo para cambiar su futuro. Aprendió lo que es ganarse ‘la plata’ caminando casi 20 horas al día con el peso de su mercancía, que solo llegaba a aligerarse con cada venta.

Orellana recuerda que, a base de sacrificio y privaciones, logró ahorrar 185.000 sucres. Y con 20.000 que le prestó su padrino, compró su primera camioneta en Jipijapa, su tierra natal. Primero lo hizo para que su trabajo de vender se le facilitara, luego vio que en Playas casi nadie daba el servicio de transporte urbano. “Hacer flete era un buen negocio, entonces pasé de panadero a fletero”, rememora a este Diario.

Como anécdota, cuenta que tenía el carro, pero no le quedó ni siquiera para pagar la gasolina y regresar con el vehículo a Playas: “Entonces no tenía ni para comprar un pan, después de que yo los había vendido. Fue algo paradójico”, admite con una plácida sonrisa.

Así que volvió donde su padrino, que le prestó otra vez dinero, llenó el tanque de combustible y se puso a trabajar de inmediato.

Tras varios meses adquirió su segunda camioneta hasta llegar a tener tres en el año 1985. En 1993 adquirió un bus e ingresó a la Cooperativa de Transporte 9 de Marzo, que presta el servicio Playas-Posorja, donde impulsó su crecimiento. Entonces el parque automotriz del gremio estaba formado en su mayoría por camionetas y unos cuantos buses. De modo que propuso a la dirigencia dedicarse solo a los buses para dar un mejor servicio. Así empezó la cooperativa Progreso.

“Con los años vi que muchos padres de familia llevaban a sus hijos al colegio en bicicleta, otros a pie y desde lejos. Y muchos trabajadores tenían que trasladarse a otros lugares y esperaban por largo tiempo para coger un carro. Pensé que ahí había otro negocio. Así nació el servicio de Transporte Escolar e Institucional, del cual ahora soy presidente”, evoca.

La humildad

Carlos Orellana sigue siendo humilde y agradecido como cuando fue vendedor de pan y el heladero del pueblo. Sus amigos reconocen en él al emprendedor que lucha por alcanzar sus metas.

Meta cumplida

Este emprendedor manabita ha compartido su sueño con otras personas creando fuentes de trabajo. Solo le pide a Dios que le dé más fuerza para seguir sirviendo a muchos más.

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