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El fin de la OTAN

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¿Qué queda de la OTAN y del orden transatlántico tras la tumultuosa semana del presidente norteamericano, Donald Trump, en Bruselas, Reino Unido y Helsinki, donde defendió al presidente ruso Vladimir Putin contra acusaciones de una guerra cibernética de las propias agencias de inteligencia de Estados Unidos? Se podría pensar que la alianza estratégica más importante de Occidente está más o menos bien, o que se está volviendo más fuerte; en verdad está en peligro y su destino en las manos desdeñosas de Trump. Antes y durante la cumbre de la OTAN hubo mucho debate sobre el gasto militar de los Estados miembro como porcentaje del PIB (incrementar su gasto al 2 % del PIB en 2024), pero Trump piensa que esto ya se debería haber hecho y la semana pasada exigió un nuevo objetivo del 4 % del PIB, que es más de lo que gasta EE.UU. En las últimas décadas el principal foco de la OTAN fueron las operaciones de paz en sitios distantes, en lugar de su función central de defensa territorial. Para la mayoría de los Estados miembro europeos, el dividendo de paz de las operaciones de la alianza justificaba los recortes en el gasto militar doméstico. Pero esta actitud cambió en 2014, cuando Rusia anexó a Crimea y lanzó incursiones militares secretas en el este de Ucrania. Desde entonces los presupuestos de defensa de los Estados miembro de la OTAN han aumentado aproximadamente 4 % por año en promedio, lo que hizo que el objetivo del 2024 se volviera decididamente alcanzable. En tanto que la queja de Trump de que EE. UU. está asumiendo un porcentaje injusto de la carga para la defensa colectiva de la OTAN es discutible. Si bien EE. UU. ha aumentado sustancialmente sus desembolsos de defensa en Europa en los últimos años, vale recordar que la mayoría de las fuerzas e instalaciones estadounidenses allí en verdad están dedicadas al arco geoestratégico de India a Sudáfrica. Y las instalaciones de alerta temprana y vigilancia que EE. UU. mantiene en RU y Noruega están allí para defender a EE. UU. continental, no a Europa. El gasto total de defensa europeo es aproximadamente el doble de lo que EE. UU. gasta en seguridad europea, y también alrededor del doble de lo que Rusia gasta en defensa, según estimaciones producidas por la Universidad Nacional de Defensa de EE. UU. La importancia esencial de las fuerzas de comando, control e inteligencia de EE. UU. en Europa no debería minimizarse, pero al menos debería ponérsela en perspectiva. Si bien el ejército de EE. UU. recientemente hizo rotar brigadas pesadas por toda Europa para ejercicios militares, sus tropas permanentes están equipadas solo para intervenciones limitadas. Europa necesita más fuerzas militares, y esas fuerzas tienen que estar equipadas para un despliegue rápido en zonas críticas. El nuevo comando de movilidad en Alemania es un primer paso alentador. Las ventajas de Rusia sobre la OTAN tienen que ver con el comando y el control. Individualmente, las fuerzas militares de Rusia están más integradas y se pueden desplegar más rápidamente en cumplimiento de directivas estratégicas provenientes del Kremlin. La OTAN no tiene una estructura de comando profundamente integrada para las fuerzas que le son asignadas y en cualquier confrontación militar, la unidad de voluntades y la velocidad en la toma de decisiones a alto nivel determinan el resultado. El problema es que mientras la capacidad militar de la OTAN en verdad está mejorando, su capacidad de toma de decisiones políticas se está deteriorando.

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