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El movimiento contra el sida

El 70 % de muertes son atribuibles a enfermedades no transmisibles -ENT- como cardiopatía, derrame cerebral, cáncer, diabetes y enfermedad pulmonar crónica. Hay pruebas indiscutibles de que el tabaquismo, el sedentarismo, la mala alimentación y el consumo excesivo de alcohol aumentan el riesgo de morir prematuramente por una ENT. Pese a que los riesgos son bien conocidos, hay una epidemia mundial de obesidad y el consumo de tabaco y alcohol sigue en aumento. Entre el 9 y el 11 de diciembre se celebró en Emiratos Árabes Unidos el II Foro Mundial de la Alianza de ENT. Las organizaciones que buscan soluciones deberían tomar como modelo el movimiento de lucha contra el sida. En la respuesta mundial al VIH, las personas que viven con el virus son actores centrales, y su particular forma de movilización ha sido un factor fundamental de los avances logrados. Aunque la batalla todavía no terminó, los activistas antisida saben que se puede ganar. La movilización contra las ENT también puede revertir la epidemia. Creemos que los activistas antisida tienen enseñanzas para dar: “A” de activismo. A nivel global, los activistas presionaron a gobiernos y empresas farmacéuticas para conseguir que se abarataran los medicamentos. Este activismo continúa, y debe servir de modelo. “B”, no hay que tener vergüenza de pensar en el bolsillo. “C”, hay que armar coaliciones pues para triunfar se necesita apoyo desde muchos frentes. Es esencial una respuesta holística. Por eso la “D”, el determinante básico en temas de salud, es llamar la atención sobre la interconexión de los factores que hacen al desafío. La prevención demanda un abordaje multisectorial. “E”, inspirándose en el manual del movimiento por los derechos de los discapacitados, que promovió el lema “nada sobre nosotros sin nosotros”, los activistas antisida exigieron estar representados en los organismos creados para responder a la enfermedad. Por ejemplo, Onusida sigue siendo el único órgano de las NN. UU. que tiene asientos de su junta reservados a representantes de la sociedad civil. La prevención de enfermedades también demanda narrativas convincentes; la comunidad de lucha contra el sida no hubiera conseguido apoyo de la dirigencia política sin una adecuada formulación (la “F”) de la cuestión, en particular, tratar el acceso a los medicamentos como un aspecto de justicia económica. “G”, en el caso de las ENT, la dimensión del género no es menos importante; si no, piénsese en las publicidades de alcohol y tabaco. De modo que el género también debe ser un elemento central de las campañas de prevención de ENT. Para terminar, la base de la respuesta al sida fueron los derechos humanos (nuestra “H”). Se hicieron campañas contra la discriminación en lugares de trabajo, escuelas y centros de salud; se hizo un uso estratégico de la litigación para garantizar la igualdad ante la ley; se rechazó celebrar congresos importantes del movimiento en países que castigaran legalmente a las personas que viven con VIH. La comunidad de las ENT puede hacer algo parecido. Estas comunidades de lucha contra las ENT y el sida pueden aprender de sus respectivas experiencias: unidos somos más.