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El medico que renacio tras la desgracia
Una promesa le devolvió la vida. Su cercanía con la muerte lo inició en un viaje cargado de emociones en una de las zonas más vulnerables de la ciudad.

Una promesa le devolvió la vida. Su cercanía con la muerte lo inició en un viaje cargado de emociones en una de las zonas más vulnerables de la ciudad.
Hace 25 años, Orlando Pin, un hombre de escasos recursos nacido en Esmeraldas, se quedó dormido al volante y un poste a la altura del Parque Empresarial California, PECA, lo ‘frenó’. Ambulancias, rescatistas, sierras eléctricas lo sacaron con vida.
Respiraba, pero no despertó en ese momento. Él quedó en estado vegetal por tres meses. Y todos, a excepción de su madre, una mujer devota de la Virgen de Schoenstatt, creían que no se levantaría jamás... Sin embargo, lo hizo. “Mi mamá había prometido que si me curaba, yo, que recién me había graduado de médico, daría atención gratuita y popular a los moradores del sector donde me accidenté”.
Las oraciones obraron el milagro y lo hicieron renacer, precisa.
Pin es especialista en medicina interna y cirugía general. Labora en el Omnihospital de Guayaquil, es catedrático de la Universidad de Guayaquil y vicepresidente de la Asociación Médica Panamericana. También es propietario de la Clínica Maternidad Pin, el inmueble que precisamente tras la tragedia construyó en Flor de Bastión como muestra de agradecimiento a su ‘protectora’.
Hoy, a dos décadas y media de lo ocurrido, Pin hace un recuento de los obstáculos que tuvo para llevar a cabo su proyecto.
No tenía dinero para la edificación, contaba con apenas unos cuantos sucres que había obtenido de su trabajo anterior como visitador a médicos. Tampoco tenía facilidad para movilizarse, pues el accidente lo postró en una silla de ruedas tres años; 36 largos meses en los que, con el fin de sellar su promesa, ofreció sus servicios puerta a puerta y hasta atendió partos en esa condición.
A Pin, quien durante la infancia fue canillita y durante la adolescencia hasta lagartero, le llevó un buen tiempo encontrar el espacio para levantar temporalmente el dispensario. Mucho más el terreno donde de bloque en bloque, años después, levantó su tan ansiada casa de salud integral y de intervenciones quirúrgicas.
En el lugar ha visto nacer a decenas de ‘guayaquileños’ y a través de sus charlas y programas de prevención ha logrado reducir los casos de diabetes, hipertensión y maltrato intrafamiliar.
Actualmente este máster en Salud Pública trabaja en la creación de un programa que ayude a disminuir el consumo de drogas en los adolescentes y evite la muerte de prematuros en Bastión Popular.
La meta es mejorar su calidad de vida, darles el mismo aliento que ellos, reitera, le dieron cuando lo necesitó. “Esta gente es mi gente”, explica, “me ha dado lecciones de vida... Por ellos tengo los pies sobre la tierra, un compromiso eterno y una promesa que nunca voy a quebrar”.
A la fecha el también autor de ‘Madre Vida’, un libro anecdótico que encierra las más pintorescas expresiones de su niñez y profesión, ha sido galardonado una veintena de veces por los más importantes organismos internacionales de salud. La última, con el Premio a la Excelencia Médica & Calidad en Salud, destaca su trayectoria, constancia, liderazgo y contribución en el campo social.