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Marginalidad rural
Si algún cambio experimenta el mundo es la migración del campo a la ciudad. Ese hecho modificó la prevalencia de actividades económicas. En épocas pasadas la zona rural fue escenario de los principales emprendimientos; un hacendado era sinónimo de bonanza. En el imperio de la globalización el crecimiento es notable en comercio y servicios; la actividad terciaria de la economía desplaza a las actividades primaria y secundaria, afectando la producción. La vieja teoría de Malthus se comprueba: “Las necesidades crecen en progresión geométrica, la producción en progresión aritmética”.
Según datos confiables, la población urbana a nivel mundial es aproximadamente del 80 % frente al 20 % de la rural; antes ese porcentaje era inverso. Sin preocuparnos de la zona rural estamos contribuyendo a futuros desabastecimientos alimenticios. En el Ecuador la voz del campesino no tiene eco en las grandes urbes, se designan funcionarios que se familiarizan con el agro cuando asumen el cargo.
Los antiguos poetas bucólicos que escribían versos de admiración por lo campestre han sido reemplazados por un poeta de escritorio. No es tan irreal la expresión campesina: “el mundo se divide entre quienes viven del sudor de su frente y quienes viven del sudor de la gente”.
Si el país quiere cambiar debe privilegiar la actividad agropecuaria. Seguimos siendo agroexportadores. Hay que darle valor agregado a esa actividad instrumentando políticas coherentes y definidas; dotar al campo de servicios básicos, facilidades de riego que contrarresten variaciones climáticas, créditos a largo plazo y bajo interés, provisión de semillas calificadas, exoneración de aranceles a fertilizantes, fungicidas y maquinarias que alivien costos de producción, vías de comunicación a sitios apartados, mecanismos de comercialización que favorezcan precios de sustentación a los productos, devolverle autonomía al Iniap (Instituto de Investigaciones Agropecuarias), actualmente burocratizado.
Admitamos lo que dice el montuvio manabita: “Las tortillas no se hacen con palabras. Se hacen con yuca, plátano, maíz”.
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