El legado mas preocupante de Trump

La renuncia forzada de Kirstjen Nielsen al cargo de secretaria de Seguridad Nacional de Estados Unidos no es motivo para celebrar. Es verdad que estuvo al frente de la separación forzosa de familias en la frontera estadounidense (notoria por el encierro de niños pequeños en jaulas de alambre). Pero es improbable que su partida traiga alguna mejora; el presidente Donald Trump quiere reemplazarla con alguien que ejecute sus políticas xenófobas en forma todavía más despiadada. La política migratoria de Trump es espantosa en casi todos sus aspectos, pero es posible que no sea lo peor de su gobierno. Pero lo que más me preocupa es el daño que ha hecho Trump a las instituciones necesarias para el funcionamiento de la sociedad. La agenda trumpista de “hacer grande a Estados Unidos otra vez” no se refiere, claro a restaurar el liderazgo moral del país; más bien encarna y celebra el egoísmo y la egolatría desenfrenados. Es una agenda económica, lo cual nos obliga a preguntarnos: ¿cuál es la base de la riqueza estadounidense? Un estudio atento de la experiencia pasada podía ser informativo. Había que basarse en el razonamiento y en el discurso, reconociendo que ninguna persona tenía un monopolio de nuestra comprensión de la organización social. De este proceso surgió la convicción de que es más probable que instituciones de gobernanza basadas en el Estado de derecho, el debido proceso y un sistema de controles y contrapesos, y sostenidas por valores fundacionales como la libertad individual y la justicia universal, produzcan decisiones acertadas y justas. Estas instituciones no serán perfectas, pero se las diseñó de modo de hacer más probable la detección y posterior corrección de sus defectos. Pero ese proceso de experimentación, aprendizaje y adaptación demanda un compromiso con la determinación de la verdad. Los estadounidenses deben gran parte de su éxito económico a un variado conjunto de instituciones dedicadas a decir, descubrir y verificar la verdad, de las que son centrales la libertad de expresión y los medios independientes. Los periodistas son tan falibles como cualquiera; pero como parte de un sólido sistema de controles y contrapesos sobre quienes ocupan posiciones de poder, han sido tradicionalmente proveedores de un bien público esencial. Desde los tiempos de Smith, está comprobado que la riqueza de una nación depende de la creatividad y productividad de su gente, que solo es posible promover adoptando el espíritu de la indagación científica y la innovación tecnológica. Y eso depende de mejoras continuas de la organización social, política y económica, descubiertas a través del discurso público razonado. El ataque que Trump y su gobierno han emprendido contra cada uno de los pilares de la sociedad estadounidense (y su especialmente agresiva demonización de las instituciones del país dedicadas a la búsqueda de la verdad) pone en riesgo la continuidad de la prosperidad de los EE. UU. y su capacidad misma de funcionar como una democracia. A esto se suma la aparente falta de controles a los intentos de los gigantes corporativos de capturar las instituciones (tribunales, legislaturas, organismos regulatorios y grandes medios de comunicación) que supuestamente deben evitar la explotación de trabajadores y consumidores. Está surgiendo ante nuestros ojos una distopía que antes solo imaginaron los escritores de ciencia ficción. Da escalofríos pensar quién es el “ganador” en este mundo, y en quién o en qué puede convertirse, en el mero intento de sobrevivir.