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“ Por que nadie pudo saltar ”

Una avalancha de preguntas ronda sus mentes. Son hombres expertos en paracaidismo que piensan y piensan, pero no logran imaginar, siquiera, lo que pudo haber ocurrido en el avión Arava AEE206 que decoló la mañana del 15 de marzo, de la pista de la Shel

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Una avalancha de preguntas ronda sus mentes. Son hombres expertos en paracaidismo que piensan y piensan, pero no logran imaginar, siquiera, lo que pudo haber ocurrido en el avión Arava AEE206 que decoló la mañana del 15 de marzo, de la pista de la Shell, en Pastaza, y que horas después fue hallado en tierra, destrozado y con sus 22 ocupantes muertos.

¿Por qué nadie pudo saltar si todos tenían sus paracaídas? ¿Acaso no estaba abierta la puerta del avión? ¿La caída fue tan rápida que no hubo siquiera unos segundos para lanzarse al aire? ¿Qué falló en el avión que impidió maniobras de emergencia?

Ninguno de los paracaidistas consultados por este Diario, que estuvieron ayer despidiendo a su compañero y amigo, Édson Mendoza, logra entender lo que pasó, más aún porque conocen, más que otros militares, que los 19 hombres que participaban en el curso de maestro de salto, el último peldaño en la carrera de un paracaidista militar, tenían mucha experiencia y podían saltar sin estar enganchados. No solo había jefes de salto, sino maestros de salto, capaces de lanzarse al aire con tan solo el paracaídas de emergencia.

“No entendemos lo que pasó”, dijo consternado el cabo Richard Abril. Él, como jefe de salto en el Grupo de Operaciones Especiales de la Fuerza Aérea (Goefa), dice que las preguntas pueden ser muchas, pero que no puede contestar ninguna. ¿Qué pasó? Esa respuesta, refiere, solo la podrá contestar la Junta de Investigación de Accidentes (JIA) integrada para ese caso.

Abril y sus compañeros del Goefa llegaron ayer temprano, desde Taura a Guayaquil, para despedirse de su valeroso amigo, a quien consideran “uno de los mejores militares del Ecuador”.

“Hasta siempre mi comandante. Que Dios te bendiga”, le dijeron en voz alta, en el cementerio general de Guayaquil, en donde fueron sepultados sus restos al inicio de una tarde soleada, que sofocaba sus cuerpos enfundados en trajes y boinas. Lloraban con sus palabras, recitadas en alto por los cabos Carlos Iñiquinga, Anderson Branda, Álvaro Yugsy y Julio Soto y seguidas por los demás comandos presentes.

Pidieron un ‘ra, ra, ra’ para el comando, otro para su apodo ‘El Gato’ y otro más por su valentía y coraje. “Eres el orgullo de tu familia, de tus compañeros y de las fuerzas especiales”, le dijeron.

Oraron en voz alta, quedaron inmóviles durante el minuto de silencio y las salvas, con las que se rindió honores a un comando en su entierro.

Palmearon fuertemente su tumba, en señal de despedida, y después dejaron el lugar para seguir cumpliendo con su deber y seguir preguntándose como buscando respuesta: “¿Por qué nadie pudo saltar?”.

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