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Huevazos “honoris causa”
El peregrinar del líder tóxico en su cruzada por el No, y de sus yihadistas seguidores, fieles al correato y adoradores del correísmo, pretende que el resultado de la consulta no sea el principio del fin del proyecto político corrupto.
Ellos diseñaron una procesión por las diferentes ciudades grandes e intermedias, en las cuales se concentra el mayor porcentaje de electores. Y como ya no contaban los “revolucionarios” de la “década ganada” con los dineros de Odebrecht, de las coimas y sobreprecios, ni con los medios incautados y las radios amenazadas, su campaña se ha visto disminuida. Por eso gritan a todo pulmón que el mundo está contra ellos.
Reconozcámosle su dogmático y patológico fanatismo. No han desmayado. Sin embargo, tampoco ha disminuido sino que más bien ha aumentado, a lo largo de esta campaña, y en los diferentes sitios que visitaba, el rechazo de su presencia por parte de ciudadanos comunes y corrientes, amas de casa, profesionales, maestros, estudiantes.
Grave y triste es para el megalómano mesiánico, antes acostumbrado a vejar e insultar, hoy ser recibido por una lluvia de huevos, arrojados por el pueblo que así expresa y hace notar el repudio a sus visitas.
Lo que le pasa al caudillo tóxico es igual a lo que su íntimo, leal y amantísimo amigo multiministro sufría en los restaurantes de Quito: ¡Fuera Correa, fuera! Y esto lo seguirán viviendo muchos dirigentes de la robolución de la corrupción, pues dice cómo y cuánto la ciudadanía soportó del líder tóxico: ofensas, insultos, vejámenes, etc. Ahora se lo devuelve en lluvia de huevos. Grave es para un PhD que no dio importancia a su binomio plagiador y al primo falsificador de títulos, verse sometido en todas las ciudades donde recibe este nuevo doctorado “honoris causa” de una “huevería intensa y masiva” que los ciudadanos le dan a su llegada y salida.
Un aforismo dice: “cosecharás lo que siembras”. Esto lo vive en carne propia el líder tóxico como evidencia de cuánto rechazo engendró su autoritarismo, despotismo, megalomanía y pretensión patológica de creerse jefe de todos los poderes y nuevo dueño del Ecuador. Expresa que el pueblo repudia el No con 7 veces Sí, para que los asalariados de Odebrecht y su jefe no retornen.