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Diario Expreso Ecuador

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El futuro de Guayaquil

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Urbanistas, sociólogos, antropólogos e historiadores dicen que ciudad que no aspira, busca, ni tiene como objetivo crecer, desarrollarse y progresar, no tiene destino. Esto es cierto y válido para todas: grandes, medianas y pequeñas. Ninguna escapa a ese determinismo social. Sin embargo, el destino de las ciudades no tiene que ver con ellas como entelequia y colectivo anónimo, sino como un orgánico social que posee, se recrea e impulsa con fuerza en la medida en que sus integrantes se reconocen en un proyecto de ir hacia nuevos tiempos, venciendo dificultades y superando obstáculos. Guayaquil a lo largo de su historia los ha tenido, de diferentes tipo y variedad. Primero fueron los piratas, los incendios que se produjeron y los saqueos a los que la sometían. Luego los flagelos, que llegaron a destruirla hasta en un 75 % en 1896. También llegaron las epidemias, que amenazaron sus fuerzas humanas y demográficas: la fiebre amarilla y otras. No ha estado exenta de las constantes variaciones climáticas que le han traído inundaciones y sequías.

Después llegó con fuerza la dinámica de los asentamientos irregulares, del Guayaquil informal, hecho de tomas de tierras que luego devinieron en los nuevos barrios, cooperativas y zonas periféricas de la urbe de los últimos 70 años. Junto a él también arribaron los discursos y recursos demagógicos de líderes milagreros que prometieron que si los seguían y obedecían, la ciudad iría al paraíso. No obstante, en la base misma de esa variedad de procesos siempre han estado el Guayaquil socioeconómico, cultural, emprendedor, deportivo, musical, artístico, industrial, comercial, agroindustrial y el enjambre de miles de informales que han ido haciendo con su silencio productivo el “Guayaquil económico”. Ese que ha sabido forjarse como el proyecto colectivo de una urbe y sus ciudadanos, que decidieron construirla como ciudad-puerto del comercio dinámico, que busca redefinirla y reposicionarla en la ruta de progreso, cambio y nueva modernidad. Por eso, cuando recién se inicia el 2016, es preciso recordar que el Guayaquil del porvenir es también del pasado, asumido y transformado. Sus integrantes siempre han sabido enrumbar la urbe hacia tiempos venideros, con producción, compromiso, trabajo, solidaridad, y sobre todo, con apego a la libertad y la firme defensa de lo que ella es y significa ser ciudad hacia el futuro.

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