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La escultura de Guayas y Kil reaviva la leyenda

El cacique Guayas y la princesa Kil no existieron. Son los protagonistas de una leyenda que la mayoría de los guayaquileños aprendió en la niñez, en las clases de Historia: de la unión de los dos nombres surgió el de la ciudad.

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El cacique Guayas y la princesa Kil no existieron. Son los protagonistas de una leyenda que la mayoría de los guayaquileños aprendió en la niñez, en las clases de Historia: de la unión de los dos nombres surgió el de la ciudad.

Se descubrió que era un mito cuando investigaciones históricas revelaron que la urbe se fundó en un poblado chono llamado Guayaquile, al pie del “río de Guayaquil”. De ahí proviene el nombre de la ciudad, dijo a EXPRESO el historiador José Antonio Gómez Iturralde.

Su colega Parsival Castro manifestó que existió el cacique Guayaquile, cuya tierra se llamaba como él y en esta los españoles fundaron la ciudad (1535).

El también historiador Rodolfo Pérez Pimentel agregó que esta leyenda es uno de los “inventos de los años 1930”. Y el mito cayó ante la historia documentada “desde 1962, cuando la doctora Dora León Borja expuso en el Congreso Latinoamericano de Historia de América (Buenos Aires) sus descubrimientos sobre la fundación de Guayaquil y sus traslados”.

Sin embargo, la leyenda es la base sobre la cual el artista Édgar Cevallos trabajó las esculturas de bronce que integran el conjunto monumental Guayas y Kil: el guerrero, su esposa con su hijo en brazos y el jaguar.

Las dos primeras piezas ya están sobre su base y estaba previsto que el felino sea instalado en el transcurso de la tarde de ayer, en la plazoleta ubicada en los bajos del intercambiador de tráfico de las avenidas Benjamín Rosales y Pedro Menéndez Gilbert.

Cevallos anunció que Guayas ya no llevará en su mano una lanza sino un bastón ceremonial con una cabeza del lagarto de Puná. Con esto, todo el conjunto escultórico medirá 30 y no 32 metros de alto (desde el suelo) como se anticipó.

La obra se inaugurará en el mes de julio, cuando la ciudad cumpla 481 años de fundada.

“La historia, el mito y la leyenda se juntan en el alma popular. La ciencia de la Historia se basa en la Arqueología y la documentación de los hechos; la leyenda es una tradición oral. Por tanto, las dos son válidas en la formación de identidad. De la historia, la tradición y la leyenda surgen Guayas y Kil”, explica el documento con el cual se presentó públicamente el proyecto en 2013.

Ayer, Cevallos señaló a EXPRESO que dado que Guayas y Kil son los padres del pequeño que la princesa lleva en brazos, “el niño debe llamarse Guayaquil”.

Para Gómez Iturralde, “la forma de ligar esta fantasía con la historia es que el niño tenga el nombre de Guayaquile, que es el origen histórico del nombre de Guayaquil”.

La obra la contrató el Municipio para representar la valentía de la estirpe huancavilca de la que provienen los guayaquileños, ha dicho varias veces el alcalde Jaime Nebot. Según Gómez Iturralde y Castro, el conjunto escultórico cumple con este propósito.

Pérez Pimentel opina lo contrario y considera que se debió consultar a la Academia Nacional de Historia y no seguir propagando el mito.

A Gómez Iturralde y Castro les gustan las piezas del conjunto monumental hecho por Cevallos; a Pérez Pimentel no.

Los primeros historiadores creen que mientras la ciudadanía tenga claro que Guayas y Kil representan una leyenda y no la historia real, no hay problema.

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