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La cultura de prevencion inicia en la ninez

Marcelo, junto con otros 46 infantes de entre 6 y 12 años, asiste a un vacacional que ofrece desde el 3 de marzo el Benemérito Cuerpo de Bomberos de Guayaquil.
Cuando el pequeño Marcelo Reyes, de siete años de edad, llegó a contar cómo se había desarrollado la clase del vacacional, su abuela Aracelly Zambrano reconoció que el niño estaba recibiendo una enseñanza valiosa: el valor de su vida.
Marcelo, junto con otros 46 infantes de entre 6 y 12 años, asiste a un vacacional que ofrece desde el 3 de marzo el Benemérito Cuerpo de Bomberos de Guayaquil.
Aracelly recuerda que su pequeño nieto contó entusiasmado la práctica de aquel día. “¡Mamita nos pusieron unos palos! Debíamos pasar por debajo, se nos salían los zapatos y no nos permitían regresar a recogerlos. No fue como en la escuela que nos hacen salir formaditos con las manos en la cabeza. Si se nos salían los zapatos nos decían que no podíamos regresarnos, había que avanzar porque en una emergencia primero debemos cuidar nuestra vida”, contó el chico a su abuela. Fue una simulación de un sismo.
Ese fue el detalle de la clase que Aracelly considera importante para la formación de los niños. “Les enseñan a valorar la vida antes que lo material”.
Igual opina Marjorie Pazmiño Beltrán, mamá de Melany y Damaris, de 9 y 12 años respectivamente, quienes en el curso han aprendido cómo usar los extintores y la necesidad de estar preparados para una emergencia como un sismo o terremoto, como sucedió en abril del año pasado.
La importancia de establecer rutas de evacuación en el hogar o tener a la mano una mochila de emergencia son otras de las enseñanzas impartidas, explica Cinthya Chávez, coordinadora del vacacional.
También han aprendido a limpiar heridas. Además de disciplina y valores, comentan las madres de familia.
“A mi niña le está sirviendo bastante. En el terremoto del año pasado para todos fue terrible, mi hija lloraba y gritaba, no sabíamos qué hacer. Ahora ella me enseña que hay que mantener la calma”, comenta Eva María Cedeño, madre de Dulce María González, de seis años.