
Correa abre la primera brecha
Tuitero compulsivo. Desde el 24 de mayo, cuando entregó la banda, el expresidente ha tuiteado en 45 ocasiones, sin contar sus respuestas.
La prudencia nunca fue su estilo. A dos semanas del inicio del Gobierno de Lenín Moreno, el expresidente Rafael Correa ha decidido marcar el primer distanciamiento con su sucesor, acusándolo de “claudicar” en perjuicio de la “institucionalidad y soberanía” que dice haber heredado al país.
El detonante ha sido la lucha contra la corrupción, que el Gobierno de Moreno ha tomado como bandera inaugural, levantando polvo, algo que fue incapaz de hacer la administración anterior. El anuncio emblema de Moreno: un Frente anticorrupción y el soporte de las Naciones Unidas, han llevado a Correa de su último refugio virtual, Twitter, al último impreso, El Telégrafo.
A través de un artículo de opinión criticó ambas decisiones como una concesión innecesaria y se adjudicó (como lo había hecho antes en redes) algún mérito en los primeros resultados del caso Odebrecht.
El pronunciamiento de Correa abre una pequeña e inicial brecha en PAIS, un movimiento que aún camina sobre la cuerda floja de la transición del liderazgo. Y arroja a sus representantes a la toma de posturas.
Verónica Arias (ARE, aliada de PAIS) prefirió situarse ayer junto al expresidente. “Lo que dice Correa es: respetar la institucionalidad del Estado. Estoy totalmente de acuerdo con su criterio”, dijo la asambleísta ayer a EXPRESO. Su juicio compartido apunta a la premisa básica: una comisión cívica tiene lugar cuando la institucionalidad anticorrupción no es capaz de cumplir su tarea.
El otro lado de la moneda, el que respalda a Lenín Moreno, quien además de presidente del Ecuador es presidente del partido de Gobierno, resta importancia a las palabras de su otrora líder. “Tenemos un postulado claro: adecentar la política. Es el mismo de Lenín Moreno. Y eso requiere de acciones inmediatas. Una de ellas es tener la comisión anticorrupción”, zanja Juan Velín, legislador verde flex, más apegado a la praxis y los resultados que a los eternos debates partidistas.
Más allá de los debates, este primer termómetro de fidelidades es para algunos, como el oficialista Alberto Zambrano, uno de fácil solución: “Considero mucho al expresidente Correa, pero hay cosas negativas y las personas deben responder por eso. Ayudaremos al presidente Lenín y respetamos lo que él dice y hace”. Es decir, quien manda, manda.
El primer distanciamiento práctico entre Correa y Moreno no es, sin embargo, lo suficientemente notorio para obligar a una división en el partido. Aún hay quienes, como Carlos Viteri Gualinga o Joffre Poma, consideran que no se trata de “estar del lado de Correa o de Lenín”, o que “el presidente Moreno puede disponer lo que considera y el expresidente pronunciarse como le parezca”. Estos aún son mayoría: los que no creen oportuno ni necesario escoger un bando. Sobre todo cuando en el interior de PAIS se coincide, cada vez más, en la necesidad de ofrecer una respuesta (cualquiera que sea) a la pandémica corrupción.
Por fuera de PAIS, desde el ojo del huracán de las críticas, representantes del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social, la función del Estado que (se supone) debía cumplir esa tarea, moderan la lectura: “Desde la autocrítica: la aparición del Frente de Lucha contra la Corrupción es un serio llamado de atención a nuestro accionar como Consejo de Participación”, dijo ayer Xavier Burbano, uno de sus vocales, quien además anunció reformas normativas para que el ‘patito feo’ de la lucha anticorrupción (en campaña todos los candidatos opositores prometieron cesar al Consejo) deje de serlo.