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El consuelo como remedio
Todos llevamos dolorosas heridas en el corazón. Mientras gozábamos del afecto de esas personas queridas, nos parecía lejana la hora de tener que darles un último adiós. El dolor nos llega a todos, lo debemos soportar. Derramar lágrimas cuando se siente pena, es natural. Disimular la tristeza es como dejar de usar los medios que Dios nos da para aliviar nuestra pena. A ese ser lo extrañamos, pero debemos pensar que está en la “morada santa”, en silencio y paz. Solo nos queda la oración y siempre ofrecer sufragios. El remedio curativo para aliviar el dolor es el consuelo surgido de plena confianza en Dios. Aceptemos la muerte con esperanza de eternidad.
Martha Reclat de Ortiz