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Colgo los guantes y se enamoro del kimono

La metrópolis del Medio Oriente lo deslumbró. “Apenas aterricé me di cuenta que es todo desarrollado y mucha tecnología. No se ve a personas vagando y no hay pobreza. Las playas con un agua cristalina, y rascacielos”, manifestó.

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Con el chip futbolero de nacimiento, pero con la adrenalina y nervios de la lucha desde su adolescencia. Es así como se desarrolló el guayaquileño Sebastián Guevara Lamparelli, nuevo campeón en Jiu Jitsu (arte marcial japonesa), tras alcanzar el oro en el Mundial de Abu Dabi (Emiratos Árabes).

Con una estatura (1.88 m) ideal para ser un portero -posición en la que era habitual- y una familia futbolera detrás de él, Sebastián rescindió a los 11 años de su sueño como futbolista para meterse de lleno en el deporte por el que “no cambiaría nada”, ni si quiera jugar en el tricampeón nacional (Emelec), equipo del que se declara fanático.

“De pequeño me gustaba demasiado el fútbol, era arquero y siempre quise ser profesional. Pero en el camino un amigo me llevó a unas clases de Jiu Jitsu y me pareció interesante”, dijo.

De aquella visita, Guevara se separaría por algún tiempo del deporte por razones personales. Pero no pasaría mucho para su regreso.

Ya de vuelta, el luchador de 18 años no se despegó más de esta disciplina.

“Cuando volví, tuve un torneo a las tres semanas y lo gané”, contó a EXPRESO.

Desde niño, su anhelo de “viajar y conocer el mundo” lo encontraría de la mano con el Jiu Jitsu. Ha conocido Estados Unidos, Perú, Emiratos Árabes y otros; pero “ningún viaje se compara con Abu Dabi”.

La metrópolis del Medio Oriente lo deslumbró. “Apenas aterricé me di cuenta que es todo desarrollado y mucha tecnología. No se ve a personas vagando y no hay pobreza. Las playas con un agua cristalina, y rascacielos”, manifestó.

Pero él fue a pelear. Tuvo cuatro batallas previo a la final. La primera la ganó por sumisión, en poco más de un minuto; pero fue la tercera, contra un ruso, la que mayor esfuerzo demandó.

“Fue una pelea más de fuerza que de técnica. Él estaba ‘picado’ y me dio una patada luego de la pelea. Pude denunciarlo, pero no lo hice”, explicó.

La final la superó por decisión unánime contra un sueco.

Ser campeón mundial lo “motiva”, pero reconoce que no es fácil. “Se sacrifican muchas cosas. En mi caso ahorré dinero para poder viajar. No todos podemos”.

Guevara espera apoyo de entidades privadas y públicas para sus futuras competiciones. “Hay mucho talento en este deporte, que cada día crece. Si apostarían por nosotros veríamos muchas medallas de oro”, cerró.

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