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Fin de un asilo
Vuelve el Ecuador a ser actor en el ámbito noticioso mundial. En esta ocasión no se trata de alguna catástrofe natural o algún acto de terrorismo. Ocurre que se han producido algunas acciones, largamente esperadas, en relación a un personaje con resonancias internacionales: Julian Assange. Por lo pronto ha dejado de ser ecuatoriano. ¿Cómo podía un “ecuatoriano” estar asilado en la embajada de su país en Londres? (Travesuras de la década infame.) En simultánea, al tristemente célebre australiano le han quitado su condición de asilado y la policía londinense lo tiene a buen recaudo. Lo vio el mundo entero. (Pareciera que el presidente Moreno tarda pero no olvida).
¿Por qué el Ecuador demoró tanto? La especulación respecto a que el ‘hacker’ tenía información confidencial de actos de corrupción, que utilizaba para chantajear al Gobierno, queda desvirtuada, al menos de momento. Más seguro, como razón del actuar, luce el que se probó la intervención de Assange en la divulgación de actividades que violaban la intimidad presidencial. Mientras tanto, el hecho noticioso se desvanece pero, la crisis económica, social y política continúa. Por lo recién actuado y lo por actuar, el gobierno sigue debilitándose.