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Agentes de la CIA
El discurso del poder se ha vuelto, en estos días, sesentero. Uno de sus medios de expresión, diario El Telégrafo, difundió con lujo de tamaño y de color una noticia proveniente del canal chavista Telesur, relacionada con una supuesta red de espionaje amparada, financiada y controlada por la CIA. Ahí aparecen los nombres de periodistas, defensores de los derechos humanos y activistas, incluidos todos en el pecaminoso espacio de la oposición.
Leer esa “primicia” en el medio propagandístico gubernamental, auspiciado por el sudor de los ecuatorianos, nos retrotrae a la década de los sesenta del siglo pasado. Nos traslada a las asambleas de los paraninfos de la Universidad de Guayaquil y de la Universidad Central, en las que los rigurosos cuadros del Partido Comunista, los “funcionarios”, articularon las peroratas más duras y contundentes en contra de los “provocadores castristas” que, como el Che Guevara, no eran sino agentes al servicio del “imperialismo norteamericano”, “agentes de la CIA”.
Ese calificativo lo sufrieron dirigentes universitarios como Jaime Hurtado, Ney Barrionuevo, Carlos Alvarado Loor -‘Coquín’, y muchos más; dirigentes sindicales como Jorge Reynolds y Emilio Velasco.
Intelectuales prestigiosos como Agustín Cueva, el pensador político y social más destacado de la segunda mitad del siglo XX, también fueron víctimas de esa implacable actitud. Cueva no pudo publicar su libro ‘El proceso de dominación política en el Ecuador’, en Francia, debido a la gestión que habría realizado la cúpula del PCE para conseguir que la editorial del Partido Comunista Francés impidiera la difusión de tan importante obra.
Ese criticable pasaje, que debería ocupar un lugar en la galería de los abusos políticos y los atentados contra la libertad de decisión, quiere ser reactivado por la “revolución ciudadana” para desprestigiar a quienes considera sus enemigos.
Se trata de una maniobra repleta de mala fe y que no conlleva el más ligero viso de credibilidad.
Es un argumento que cae por el peso de su tontería.
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