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Diario Expreso Ecuador

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La accion politica hoy

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Ayer escuché en una entrevista que los actos de corrupción, entendí que incluso los comprobados, no tenían repercusión electoral; esto es, no hacían perder votos al inculpado.

Igual que al entrevistador, que repitió la pregunta, a mí también me pareció raro que robarle fondos al Estado ya no tenga impacto electoral y, peor todavía, que hasta luciese aceptado como normal o casi casi, como mérito.

Sin duda, conforme se ha ido degradando la política, se le han ido asignando nuevos roles a quienes son sus actores. Pareciera que ser honrados ya no es una categoría requerida. De nada hay entonces que asombrase: ser mentiroso, ser pillo, son categorías del quehacer político contemporáneo. ¿Será que a fuer de actualizados, los políticos de hoy no tienen por qué ser escrupulosos respecto al manejo de los dineros públicos, que por algo se llaman así, ni del cultivo de la verdad? ¿Quién se atreve a pensar que la posee?

Según lo que observé, a más de voluntad de ser, el político soñado, manteniéndolo en consonancia con el que se vende a los electores, ya no requiere peinarse de esta manera o preferir tal color de ropa, sino de hacer llegar dos o tres ideas en consonancia con el profundo deseo del electorado, ideas que sumadas a un poco de buen ‘marketing’, hacen que todo esté listo, tal cual estaba escrito en un cartelón argentino: “el pueblo tiene derecho, aunque sea a que lo engañen”.

¿Hasta cuándo la sociedad tolerará esta visible degradación de la política? ¿Cuándo va a producirse la imprescindible reacción ciudadana frente a la degeneración de la política como arte y ciencia del buen gobierno que se pretendió en otros tiempos? Me gustaría saber qué piensan las actuales generaciones de politólogos.

En mi caso pienso que será muy difícil adaptarme a esas visiones, puesto que predomina en mi concepción la tradición de política-servicio. En todo caso, la honradez parece haber quedado entre los requisitos de otros tiempos. Ahora lo fundamental es tener un par de propuestas originales y saber cómo hacerlas llegar a la conciencia colectiva. Aparentemente, hoy la tendencia es que ética y política no tengan nada que ver.

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