LAS PEÑAS
Las Peñas. Erwin Rubira camina por la solitaria calle del barrio mientras se dirige a su trabajo en uno de los establecimientos del Puerto Santa Ana.CARLOS KLINGER

Guayaquil: ¿Se acaba el turismo en Las Peñas?

El tradicional barrio y las zonas adjuntas permanecen apagados entre semana. El contraste es grande frente a otras ciudades del mundo

Calles rodeadas de árboles frutales, variedad de flores, esculturas de personajes emblemáticos, galerías de arte y hermosas casas coloridas, antiguas y patrimoniales con balcones es lo que caracteriza al tradicional barrio Las Peñas, aledaño al cerro Santa Ana, que atesora gran parte de la memoria de Guayaquil.

Al igual que el barrio Getsemaní en Cartagena de Indias (Colombia) o el distrito Barranco en Lima (Perú), Las Peñas con más de 400 años también se ha convertido en un atractivo turístico e histórico de la ciudad que guarda un estilo arquitectónico colonial, lo que se convierte en un motivo de orgullo para la ciudadanía.

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Sin embargo, algo que distingue a Las Peñas de Getsemaní y Barranco es el flujo de turistas que visitan el sector entre semana. De lunes a viernes, este encanto de Las Peñas y el mismo cerro Santa Ana, que antes albergaban visitantes día y noche sin importar el día, se convierte en un desierto. La mayoría de sus restaurantes y galerías no abren, pocos circulan por el suelo empedrado y a pesar de que es un sitio tranquilo, su silencio atemoriza.

“Antes de la pandemia por la COVID-19, estas calles eran mucho más transitadas, pero a raíz del virus y la inseguridad que afecta a la ciudad se vino abajo el barrio. Algunas galerías, talleres y discotecas cerraron para siempre. Creo que eso empeoró el tema del turismo”, expresa el artista David Fernández, quien habita en el sector hace cuatro años.

A pesar de que la pandemia perjudicó el turismo y una infinidad de emprendimientos en todo el mundo, el barrio Getsemaní logró resurgir durante los últimos meses. Hoy en día volvieron a reunirse varios grupos de personas para tomar cerveza, escuchar artistas callejeros y comer alimentos típicos del país. Las calles cercanas, conocidas también por sus murales pintorescos, cuentan con varios restaurantes atractivos para los visitantes. Por su parte, Barranco aún mantiene abiertas las puertas de sus espacios culturales, ferias independientes, boutiques y bares, con el fin de no perder su esencia.

LAS PEÑAS
Escaleras. La ciudadanía anhela que el cerro sea un punto que atraiga como antes. CARLOS KLINGER

Mientras que Las Peñas, en el corazón de Guayaquil, se mantiene solitario entre semana. Erwin Rubira, trabajador de un local comercial de Puerto Santa Ana que recorre todos los días por el barrio, recuerda con nostalgia que hace unos años el lugar tenía vida. “De lunes a viernes este lugar alegre muere, hay muy poca influencia. Sería ideal que hubiera algo más atractivo como más comercio o algo que traiga a la gente”.

El año pasado, de los 2,6 millones de turistas que llegaron a Guayaquil, solo el 17,38 % visitó Las Peñas. En comparación con otros sectores de América Latina, el mismo año, Getsemaní recibió el 25 % de los viajeros que visitan Cartagena y Barranco el 26,7 % de las personas que llegan a Lima.

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Según Rubira, el turismo en Guayaquil se centra más en el Puerto Santa Ana y el Malecón 2000, porque siempre habrá restaurantes y tiendas disponibles.

La cifra32 viviendas en Las Peñas han sido consideradas patrimoniales. En estas vivieron presidentes, artistas, literatos, músicos, hacendados e industriales.

Para la comerciante María Rodríguez que vende recuerdos alusivos a Ecuador y helados de frutas en una tienda ubicada frente a la entrada de Las Peñas, este problema también parte por los guías turísticos, debido a que en sus recorridos evitan visitar el barrio y cuando lo hacen es por un corto tiempo.

Según la mujer, los pocos turistas que recorren el sector son nacionales y rara vez son extranjeros. “Los recuerditos y accesorios elaborados a mano llevan años sin venderse. Lo único que se vende son los helados, estamos pensando en importar camisetas para mantener el local porque es muy costoso”, dice.

Una de las soluciones que plantea David Fernández y varios moradores es aumentar la presencia de establecimientos comerciales, hoteleros, culturales o de entretenimiento. “Me encantaría que esta zona sea más visitada por las personas de todas partes del mundo, que vengan a tomarse un café o ir a divertirse a una discoteca”.

Sin embargo, con el fin de conservar el valor artístico e histórico del barrio, el artículo 11 de la ‘Ordenanza para la Restauración, conservación y mejoras del Barrio Las Peñas’ de la Alcaldía de Guayaquil, expresa que, “ninguna persona natural o jurídica podrá construir, reparar, ampliar, modificar, derribar parcial o totalmente, desbaratar, mantener, restaurar o, en general, efectuar obra alguna en el barrio Las Peñas, sin ceñirse a los requerimientos de la presente Ordenanza”.

Las Peñas es un barrio maravilloso que deslumbra a cualquier persona, es vital que se fortalezca el turismo en la zona para que esté entre los destinos favoritos para muchos viajeros del mundo.

Las Peñas y el cerro son los sitios más bonitos de la ciudad, pero no han sido aprovechados. Ojalá el alcalde logre revivirlo. Lo necesitamos tanto

Camila Andrade, guayaquileña.

Estefanía Mórtola, quien habita en Los Ceibos, recuerda como hasta hace 7 años iba los martes y jueves a recorrer el lugar. “Amaba ir a los bares donde la bulla retumbaba, me encantaba subir uno a uno los escalones del cerro, que estaban rodeados de música. Las Peñas era divertidísima. Ahora no voy, voy a sitios más seguros o con más opciones para caminar. Sin embargo, la zona es más que rescatable. Podría resurgir y llenarse de atractivos, de músicos y arte todos los días. Sería perfecto. Volvería sin dudarlo una y mil veces”.