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Belén Bonnard es psicóloga clínica especialista en sueño infantilGRANASA

Belén Bonnard y su sueño de cambiar el mundo un niño a la vez

La ilusión de tener una sociedad mejor para su hija hizo que esta guayaquileña creara la primera muñeca con síndrome de Down en Latinoamérica

¿De qué es capaz una mamá por sus hijos? De todo y más. Así lo demuestra Belén Bonnard frente a una audiencia de seis mil personas a quienes, tras un año y medio de trabajo, presenta a Bebé Victoria, el primer juguete con síndrome de Down en la región, que trae un poderoso mensaje sobre abrazar, respetar y amar la diversidad.

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Entre lágrimas de alegría, agradecimiento y satisfacción, sale a la luz este proyecto de inclusión que busca normalizar las diferencias en los niños mediante el juego y que invita a vivir la maravillosa experiencia de compartir con quienes tienen esta condición genética, muy común en el planeta.

La inspiración de esta novedosa muñeca es la hija de Belén, Ana Victoria, quien hace casi dos años llegó para demostrar que si puede haber un cambio en el mundo un niño a la vez y que el amor de una madre puede lograr escalar hasta la cima más alta.

Su mamá, Belén, psicóloga clínica guayaquileña especialista en sueño infantil, es la creadora del portal Happy Baby Happy Mom Sleep Club, desde donde comparte contenido educativo para padres a una comunidad que hoy llega a 131 mil seguidores en Instagram.

Esta mujer soñadora, dulce, perseverante, apasionada, obstinada y dispuesta a luchar contra viento y marea para cumplir su objetivo de construir un mundo mejor para sus hijos, conversa con SEMANA para contar su historia.

Más que un diagnóstico

La llegada de Ana Victoria, la segunda hija de Belén y Marcos, fue un sacudón emocional, una bendición inigualable en el cuerpo de una bebé que vino con un cromosoma extra. Las lágrimas de preocupación por el diagnóstico eran inevitables, pero no eran más fuertes que el inmenso amor que toda esa familia tenía para dar.

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“Apenas horas después de la noticia de su condición, yo ya tenía una lista de libros comprados, estaba dispuesta a acompañarla en cuanta cima tuviéramos que escalar. Mi amor jamás estuvo condicionado a su genética. Ella es mi hija y es valiosa por el simple hecho de existir”.

Entre todos los mensajes que recibieron, hubo uno que hizo un clic en su corazón. “Alguien me escribió: ‘Lo único que importa es cómo tú miras a tu hija’. En ese momento pensé: ‘No, realmente no basta cómo yo la mire, para que ella pueda vivir plenamente necesito que sus terapistas, maestros, amigos, futuros jefes, compañeros de trabajo, autoridades de su país y demás la miren como ella realmente es’”.

Yo puedo convertirme en terapista, en cardióloga... pocas cosas no me creo capaz de hacer por ella, pero conseguirle amigos genuinos, oportunidades laborales justas, un trato digno, eso no está en mis manos, o al menos era lo que yo creía

Mientras la bebé y su hermano crecían y ella se enfocaba en disfrutar el presente, rondaba siempre en su cabeza el pensamiento de qué hacer si el mundo no está preparado para Ana Victoria. “Por estadística, no todos vamos a tener la fortuna de crecer con un familiar, amigo o conocido con síndrome de Down. Por eso muy probablemente llegaremos a la adultez sin conocer mucho el tema y lo que no conocemos naturalmente nos puede generar inquietudes, distanciamiento o temor”.

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Foto de Sistema Granas (9461848)
Belén junto a su esposo Marco, sus hijos Juanse y Ana Victoria y la muñeca bebé VictoriaCORTESÍA

Vocación y servicio social

Tras una infancia feliz junto a sus padres y sus dos hermanos, Belén sintió desde pequeña adoración por los niños. Tanto así que jugaba a ser su profesora de patinaje artístico, disciplina que entonces practicaba.

En su adolescencia fue una chica con múltiples intereses. En un principio eligió la carrera de diseño de interiores, aunque al poco tiempo la dejó por no ser su vocación. “Yo me creo capaz de todo, porque mis papás creyeron que yo era capaz de todo. A lo largo de mi infancia, me convencieron de eso”.

En un grupo siempre hay una amiga a la que se le confían los secretos y las preocupaciones. Belén era esa amiga y esa fue una de las razones por las que posteriormente decidió estudiar psicología. “Me encantaba escuchar a la gente y yo sentía que me veían siempre como un confesionario”, relata con una amplia sonrisa.

Esta profesión acompañaba perfectamente su inclinación por el servicio social. Fue durante 11 años parte de Pan para mi hermano, servicio de atención a personas con escasos recursos y donde, por azares de la vida, conoció a quien hoy es su esposo y papá de sus tres hijos, Marco Hidalgo. “Yo iba a renunciar cuando él entró y me habló de un nuevo cargo que se iba a crear, promoción humana, y me necesitaban allí por mi experiencia. Era ‘o aceptas el cargo o todo se viene abajo’. En nuestro primer proyecto capacitamos a panaderos para que puedan tener ingresos”.

Luego de esto se hicieron buenos amigos, novios y posteriormente esposos. Para ello, Belén aplicó un consejo que había recibido: “Cásate con aquella persona que si tus hijos crecieran exactamente iguales a él, tú estarías muy orgullosa”.

“Sentir miedo es normal”

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Diecinueve meses de esfuerzo y dedicación le tomó a Belén producir y diseñar Bebé Victoria, todo con el objetivo de naturalizar lo que es natural: que adultos y niños conozcan sobre las personas con síndrome de Down y tener una sociedad mejor preparada. Ella espera que la muñeca llegue a todos los hogares para informar y sensibilizar a las familias sobre esta condición. El dinero de su venta estará destinado a infantes con síndrome de Down que por falta de recursos no pueden acceder a terapias.

Foto de Sistema Granas (9461890)
Ana Victoria, hija de Belén, jugando.CORTESÍA

“Lo normal es ser diferente. Todos nos vemos, actuamos, pensamos y sentimos de manera diferente y esa diferencia es una de las riquezas más valiosas. Tengo la certeza de que juntos lograremos que el mundo de mañana sea mucho más empático para todos. Asimismo anhelo que si algún día alguna puerta se le cierra a Ana Victoria, que sea porque no sacó la nota suficiente para ingresar a esa carrera o porque no calificó para ese puesto laboral, pero que jamás se le cierre una puerta por tener síndrome de Down”.

Del mismo modo, a aquellos padres que recién se enfrentan a este tipo de diagnóstico, Belén les comparte un mensaje: “Sentir miedo es normal. Al inicio la cima se ve mucho más inclinada de lo que es realmente. Conforme uno la va caminando, como en la crianza, se va esclareciendo, se va encontrando apoyo, todo se va haciendo más conocido”.

Una de las cosas que más me ha ayudado es ser compasiva conmigo misma, entender que mis hijos no necesitan padres perfectos, que me puedo equivocar y que está bien, eso es parte de ser humanos