Amor, ¿agrandamos la familia?

Analizar las razones propias y la pertinencia del momento son las claves que debe analizarse antes de pedir un hijo a la pareja.

23 nov 2018 / 00:00

Aunque hace años haya descubierto que los niños no llegan traídos por la cigüeña, es posible que pedirle un hijo a la pareja no le esté siendo una tarea tan fácil. Se preguntará por qué si se supone que entre ustedes no hay secretos ni tabúes, sin embargo, es común que cada vez que aborda el tema no se haya atrevido a hacer la pregunta.

¿Cómo lo digo?, ¿Cuál será su reacción? o ¿Estamos preparados? son las preguntas constantes que rodean a la decisión. No hay fórmula secreta o receta mágica para pedir un hijo, no obstante, para el psicólogo clínico Samuel Merlano la manera correcta es “comunicando de manera abierta y sincera el deseo”.

Con ello concuerda la psicóloga clínica Claudia Ortega, quien señala que “lo importante es ser sinceros y abiertos como pareja, no tener miedo de tocar estos temas para poder así construir una relación sin malentendidos”. Además, sostiene que este tema debe ser abordado desde el noviazgo para conocer la posición de la pareja frente a una posible conformación de la familia. No hacerlo, podría desembocar en que, luego de muchos años, se descubra que los objetivos de vida no son comunes. Pero, también hay parejas que no tomaron una decisión drástica sino que “llegaron a un acuerdo que les funcionó a ambos”, reseña Ortega.

Los expertos recomiendan que para no encontrarse sorpresas como una negativa se estudie con anterioridad a la pareja. Un tip para hacerlo es abordar el tema, tomando como ejemplo alguna circunstancia de embarazo de un familiar o algún famoso y preguntarle su opinión en torno a ello.

Daniela Paredes, psicóloga clínica, insiste en que la decisión de tener o no un hijo no puede ser tomada como un medidor de amor.

Los psicólogos también concuerdan en que se debe valorar la honestidad de la pareja y replantearse si es el momento idóneo a nivel emocional, social y económico para agrandar la familia. Después de todo, el que viene será un pequeño que dependerá exclusivamente de los padres y para el que la familia debe estar preparado.

Caso

Y si la pareja no quiere...

Es probable que no esperaba encontrarse con este escenario tras la propuesta. Sin embargo, si la reacción del otro fue negativa, es necesario que se le pida las razones. Hay que escucharlas, con paciencia y trabajar en solucionarlas lo más pronto posible. Además, se debe revaluar si convertirse en papá o mamá era una prioridad para quien lo propuso o una decisión que podría aplazarse.

Según la psicóloga Claudia Santos, “muchas personas perciben el tener hijos como una realización personal y familiar, y por esto, puede volverse posteriormente en una frustración”. Aunque no, solo sea un monosílabo, también tiene la posibilidad de destruir la relación. Así lo advierte el también psicólogo Samuel Merlano, quien considera que la respuesta negativa “puede generar resentimiento, enojo, malestar y baja afectividad”.

Razones

Analizar la motivación

Antes de proponer a la pareja tener un hijo es importante saber por qué se lo quiere tener. Para optar por esta decisión, primero analice si la iniciativa surgió independientemente o por la presión social de factores como la edad o el tiempo juntos.

Estabilidad

El tiempo de la relación

Otro de los factores a analizar es qué tanto futuro tiene el compromiso. Un hijo es una responsabilidad eterna y si la relación no tiene la estabilidad suficiente, puede culminar en que hayan procreado un niño que crecerá sin un hogar conformado.

Economía

Nivel de solvencia

Un bebé no solo se nutre de amor. Es necesario calcular si la economía de la familia puede satisfacer las necesidades que demanda un hijo. Es una inversión a largo plazo, por lo que antes de programar tener uno es recomendable proyectar el nivel de vida que se tendrá.

Cambios

Ritmo de vida

Con el nacimiento del bebé, la vida de pareja tendrá una transformación. Serán horarios apretados en los que deberán destinar gran parte del tiempo libre para compartir con el o la niña. Además que este compromiso requiere madurez emocional para afrontarlo.

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