Ayuda, mi hijo es tímido

La timidez de los hijos genera sentimientos de frustración y fracaso en los padres. Esta condición tiene un causal genético, fortalecido por el trato de los padres en los primeros años.

14 sep 2018 / 00:00

El éxito para los hijos es un denominador común dentro de los anhelos de los padres. Que sea el que más destaque, el más seguro y el mejor en todas las áreas posibles es parte de ese sueño, sin embargo, cuando el pequeño que tienen en casa es tímido surgen sentimientos de frustración.

Y allí nacen las comparaciones. Frases como “por qué no eres como fulano” o “parece que fueras mudo” son oraciones habituales pronunciadas en hogares con niños o jóvenes con esta condición. Pero lo primero que debe saberse es que tímido se nace. Según la psicóloga clínica Blanca Zea, “está comprobado que la timidez proviene de los genes”.

Aunque esto no significa una condena eterna, a criterio de la psicóloga Carolina Martínez. Con ella concuerda la terapeuta familiar Naja Yúnez, quien incluso desarrolla programas de entrenamiento para el desarrollo de habilidades sociales y emocionales, en la infancia.

Querer estar solo, dificultad para tomar la iniciativa, interactuar e incluso no querer ir a los colegios o fiestas son signos que evidencian que una persona es tímida, a criterio de Yúnez. Esta situación genera consecuencias como excesiva necesidad de aprobación, dependencia emocional, escasa tolerancia a las críticas y baja autoestima.

La timidez no es responsabilidad única de los pequeños. Martínez menciona que además de la predisposición genética, también es relevante la manera en que los padres tratan a los hijos en sus primeros años. Miradas desaprobatorias o críticas constantes serán el escenario idóneo para fortalecer la timidez y contribuir a que se tema expresar su opinión por miedo a equivocarse. Por ello, sugiere la negociación y el diálogo tanto en la niñez como en la adolescencia.

Si la timidez no se trata puede generar adultos pasivos. Zea explica que a su consultorio han llegado adultos incapaces de decir lo que les molesta. Por ello, insiste en que los progenitores deben aceptar a sus hijos y no exigirles que se adapten a un modelo diferente. También indica que “no todas las personas tenemos que ser extrovertidas. Los tímidos también triunfan”, recalca la experta.

En la escuela

Los maestros deben ser empáticos con los chicos

Aunque la timidez debe trabajarse en los primeros años con los padres, la escuela se convierte en la prueba de socialización, que al no ser superada puede ahondar la gravedad de la situación.

La psicóloga educativa Carolina Martínez de Álvarez considera que además de los conocimientos, el docente debe ser empático. También considera importante que el docente establezca “un vínculo para que el alumno se sienta visto, no para fiscalizarlo, sino porque lo aprecia”.

Según ella, esto facilita a que se manejen situaciones difíciles para los tímidos como participar en clase, indicándole que “él es el siguiente en la lista, por ejemplo”. De esta manera sentirá que el maestro le da el voto de confianza, favoreciendo la interacción y el aprendizaje.

Martínez cree que se maneja la misma premisa para los adolescentes. “Aunque parezcan más herméticos, la estructura del ser humano es dinámica, entonces con un acompañamiento correcto es posible el cambio”, indica.

Las 5 claves

Elogiar, no criticar

Frases que hacen la diferencia

Decir repetidamente a un niño frases como ‘¡Qué torpe eres!’, ‘Lo dañaste como siempre’ u otras palabras de desaprobación es mermar su autoestima y hacer que el autoconcepto de los pequeños sea negativo. El primer paso para forjar personas seguras es que sus padres le demuestren que confían en él.

Darle responsabilidades

La sobreprotección lastima

Si un pequeño tiene quién haga las cosas por él no se esforzará por realizarlas e incluso creerá que no es capaz de llevarlas a cabo. Por ello, es recomendable que los padres fomenten la autonomía desde el principio, a través de la asignación de tareas que puedan ser desarrolladas dependiendo de su edad.

Actuar sin tabúes

Reírse de sí mismos

La mirada que indica desaprobación será tomada como una orden que fija los límites. Por ello, los padres deben ser los modelos que jueguen, bailen y actúen sin tener como referencia lo que el prójimo opina. Esto le enseñará a los pequeños a disfrutar de las situaciones y hasta a reírse de sus propios errores.

Fomentar el diálogo

Preguntarle su opinión

Es importante que el pequeño se sienta importante en las decisiones a tomar. Por ello, los expertos recomiendan que se les pregunte constantemente qué piensan sobre las situaciones. Gracias a esto, no temerá opinar en su adultez, aún si su percepción contradice a las convenciones socialmente aceptadas.

No sobredimensionar

Analizar la gravedad

No cuestionar al niño por errores que a la larga no tendrán consecuencias graves. Esto no quiere decir que se les debe dejar pasar por alto los errores, sino que si fracasa en una ocasión no tomarlo como ejemplo y repetirle constantemente el error que cometió. Ese contexto lo impulsará a no actuar para evitar equivocarse.

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