121 nuevos ministros al servicio de los enfermos

El arzobispo de Guayaquil, Luis Cabrera, oficiará la ceremonia mañana, a las 11:00, en el santuario Señor de los Milagros en Daule.

21 dic 2018 / 12:48

Cuando se asiste a misa se ve a laicos, mujeres y hombres, vestidos de blanco, que ayudan al sacerdote a repartir la eucaristía. Ellos son los ministros extraordinarios de la sagrada comunión. Con el mismo fin también visitan a los enfermos, cuyos padecimientos impiden que acudan a sus respectivas iglesias.

Durante tres meses y dos semanas, Rosario Montalvo se trasladó de Guayaquil a Daule para participar en un curso, organizado por el padre Omar Mateo, vicario episcopal de esa región de la Costa y párroco del Santuario Señor de los Milagros, con la autorización del arzobispo de Guayaquil, monseñor Luis Cabrera.

“Siempre fue mi anhelo llevar la comunión a los dolientes o cuando se presente la necesidad en mi iglesia Santa Isabel, madre del precursor, ubicada en Sauces 6. Lastimosamente muchas personas no reciben este sacramento por falta de curas. En algunas ocasiones quise hacer el curso, pero por una u otra razón no pude. En julio acudí con una tía a la catedral y como ella conoce a monseñor Iván Minda conversamos con él, y nos informó que estaba a punto de iniciarse una capacitación”, cuenta.

Según la catequista Maribel Hernández, de la parroquia Santa Clara de Asís, de Daule, por sugerencia del padre Víctor Hugo Varela decidió prepararse. “Nos pidió que lo ayudemos para que llevemos la comunión a los recintos a los que él no puede ir”, dice.

Tanto Rosario como Maribel y 119 postulantes más (en total 121) serán instituidos como ministros extraordinarios de la sagrada comunión en una ceremonia que se oficiará mañana, a partir de las 11:00, en el Santuario Señor de los Milagros en Daule y que estará presidida por el arzobispo de Guayaquil.

El padre Omar Mateo comenta que “con excepción de dos aspirantes que provienen de Guayaquil, el resto pertenece a la Vicaría Episcopal de Daule. Durante más de tres meses, a ellos se les dio preparación teológica, espiritual, litúrgica, pastoral y disciplinar en torno a la presencia real de Jesucristo en la eucaristía”.

Para este ministerio, “el candidato debe ser recomendado por su propio párroco, tener una vida cristiana madura y coherente y estar adecuadamente instruido”.

Uno de los profesores del curso, el presbítero venezolano Roger Guillén explica que “luego del concilio Vaticano II se quiso que los laicos tengan una participación propia en la vida de la Iglesia, este ministerio es un servicio. A veces por la vida misma de la Iglesia, la falta de ministros ordenados y la extensión de las parroquias se necesita ayuda. Esta la puede prestar un servidor preparado. Su principal función es la visita a los enfermos. Un ministro extraordinario de la sagrada comunión no está llamado a ejercer funciones sacerdotales, no se puede tomar esas atribuciones. Lo fundamental es que sea una persona de fe y entienda que tendrá en sus manos al Señor sacramentado y que deberá llevarlo con reverencia y respeto”.

Donde lo aconseje la necesidad de la Iglesia

Se trata de un ministerio laical contemplado en la Iglesia católica y estipulado en el canon 230, párrafo tercero del Derecho Canónico que expresa: “Donde lo aconseje la necesidad de la Iglesia y no haya párrocos, pueden los laicos, aunque no sean lectores ni acólitos, suplirles en algunas de sus funciones, es decir, ejercitar el ministerio de la palabra, presidir las oraciones litúrgicas y dar la sagrada comunión”.

El documento pontificio Immensae caritatis considera que existe la necesidad “cuando no hay sacerdote, diácono o acólito que pueda repartir la comunión, que habiéndolos, no puedan administrarla por impedírselo otro ministerio pastoral, por la falta de salud o edad avanzada, además si por la presencia de muchos fieles es preciso alargar demasiado la misa o la distribución de la comunión fuera de ella”.

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