¿Solo 30 libros?

Siguiendo la filosofía de la gurú del orden, Marie Kondo, EXPRESO pidió a seis escritores que redujeran hipotéticamente sus libreros.

01 feb 2019 / 23:00

Conocida como ‘la reina del orden’, la japonesa Marie Kondo se convirtió en un boom de ventas, primero con su libro ‘La magia del orden’ y hoy por hoy con la serie de Netflix ‘A ordenar con Marie Kondo’.

La gurú del hogar propone formas reduccionistas de elegir objetos importantes para el propietario de la casa e irse deshaciendo de lo dispensable para así, ganar espacio y equilibrio. No obstante, una de sus propuestas más polémicas, declarada en uno de los episodios de su serie, es que para alcanzar este equilibrio en el hogar, no se deben tener más de treinta libros.

La declaración causó reacciones inmediatas de parte de los amantes de los libros, quienes, a través de redes sociales, declararon al unísono una sola frase con breves variaciones: ¡No te haremos caso! En esta ocasión, EXPRESO le preguntó a seis escritores qué opinaban de la propuesta de la japonesa y, de verse obligados a seguirla, qué libros conservarían.

Tengo libros apilados hasta en la cocina

Con cerca de 5.000 ejemplares, la teoría de Marie Kondo ni siquiera figura en la lista de prioridades del poeta y narrador Luis Carlos Mussó. “La señora puede tener todos los adeptos en línea que pretenda, pero hay una brecha grande con la voracidad lectora de quienes sabemos que vamos a morir sin poder leer todos los volúmenes que deseamos”. Confiesa que, además, no podría regirse al orden porque tiene libros “hasta en la cocina”. Tampoco los regala, se quedan en casa hasta que el tiempo los devora, y entonces los descarta. Pero si tuviera que elegir, priorizaría la poesía. Alfredo Gangotena, Rodolfo Hinostroza y Alejandra Pizarnik están entre sus autores elegidos.

Mis libros tienen un ‘oficio’ en mi casa

Alguna vez, un amigo le contó al poeta Tyrone Maridueña que le daba uso a sus libros más allá de la lectura. Sostenedor de puerta, apoyador de plantas, eran miles de opciones y decidió aplicarlas. “Honestamente no sé ni cuántos tengo, pero siempre encuentro alguno escondido por ahí”. Admite además, que en su proceso de escritura, el desorden le es funcional, pero de vez en cuando sí intercambia o regala algunos ejemplares. “El orden es bueno, no puedo decir lo contrario, pero a mí no me funciona”, comenta riendo. Agrega que si tuviera que ‘organizarse’, conservaría los relatos de Édgar Allan Poe y El Alpeh de Borges y la poesía de Vicente Huidrobo.

Nunca compro un libro que sé que voy a dejar de lado

Aunque tiene cerca de 200 libros, la escritora de novelas románticas, Kristel Ralston, también se define como práctica. En físico, admite, solo compra libros que sabe que se quedarán permanentemente en su colección. “Nunca compro un libro que sé que luego voy a dejar de lado. Si acaso estoy insegura sobre la prosa de un nuevo autor entonces compro el ebook y si me ha gustado mucho, ordeno la versión impresa”.

Pero agrega que no comparte, en lo absoluto, la teoría de la gurú japonesa. “Ser más “limpio” no es sinónimo de poseer menos libros”, añade exasperada. No obstante, si tuviera que elegir solo treinta ejemplares, no faltarían Sidney Sheldon, Oscar Wilde, Jane Austen, Susan Elizabeth Phillips y Lisa Kleypas.

Libros atraen más libros

Aunque reconoce que acumular objetos no es higiénico, los libros son la excepción de la regla para Solange Rodríguez. Tiene un centenar de su propiedad, otro centenar que le guarda a una amiga, decenas en la casa de su madre y sin contar con los que ha heredado de su padre.

Pero eso no quiere decir que se ha dedicado a acumular. De hecho, ella dona ejemplares tanto a bibliotecas como a sus alumnos.

Además, insiste en que 30 libros es limitarse a 30 experiencias, sin embargo, si le tocara elegir optaría por las obras completas de Julio Cortázar, de Edgar Allan Poe y de Luisa Valenzuela; la edición firmada de Profundo en la Galaxia, de Santiago Páez; Desgracia de Coetzee y los estudios de narratología de Lauro Zavala.

Prefiero el desorden de los libros

Riendo, el narrador Eduardo Varas Carvajal indica que su pasatiempo favorito es perder el tiempo buscando libros en casa y que, al orden y a la limpieza, prefiere el desorden de los libros. “Cuando ya no quiero uno, lo coloco en las estanterías más bajas y poco visitadas de los libreros. Pero me quedo con ellos”, confiesa. Sin embargo, si no le quedara más opción que sumarse a la tendencia del orden y la limpieza indica que, entre sus aproximadamente trescientos ejemplares, ‘salvaría’ todas sus novelas de Stephen King, la colección de Terramar, de Úrsula K Le Guin, las novelas de Alice Munro y, en una clara ruptura del juego, su Kindle, que no ocupa espacio, pero guarda cien libros en versión digital.

Dono los libros que no quiero

El equilibrio es importante en la relación que el poeta Augusto Rodríguez mantiene con sus libros. Aunque cree tener más de mil ejemplares, admite que sí hace una revisión periódica y dona los que ya no quiere a la biblioteca de la Universidad Politécnica Salesiana. Pero esto no se debe a una intrínseca búsqueda del orden o la limpieza, sino a un afán personal por darle nueva vida a los libros que no ya no leerá. “Me tiene sin cuidado la moda de Marie Kondo”.

Aunque obligado a elegir, señala que escogería una mezcla de poesía, narrativa y relato.

“Sin duda conservaría ‘Detectives salvajes’ de Bolaño, ‘Las vírgenes suicidas’ de Jeffrey Eugenides, ‘La vida: instrucciones de uso’ de Perec, la poesía completa de Watanabe, y la poesía completa de Gonzalo Rojas”.

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