Un análisis al surgimiento de los caudillos

La obra más reciente de Washington Delgado, ‘El egoísmo político’, aborda el totalitarismo y el poder.

07 oct 2018 / 00:01

Washington Delgado inaugura la presentación de ‘El egoísmo político’, su obra más reciente, con una sonrisa. “Este no es un libro sobre Rafael Correa”, aclara.

Es una explicación que da de manera constante desde que inició el proceso de escritura para la obra, publicada con la editorial española Caligrama y que se lanzó esta semana en la ciudad.

Y aunque su título evoca los peores males del Gobierno pasado, la obra del comunicador social no aterriza siquiera en el país, sino en algo más global; el nacimiento de los caudillos, y cómo los vicios políticos detienen el desarrollo de los países pobres.

La obra, llena de teorías y con un arduo proceso de investigación a sus espaldas, analiza el surgimiento de dictadores como Hitler, Stalin y Mussolini, y los motivos que les permitieron llegar al poder.

“Es un tema universal, no es solo un tema para Ecuador. No es un libro sobre la década de Rafael Correa. El libro no aborda el caso ecuatoriano, pero al leerlo hay circunstancias en común, en las que podemos comprender cómo funcionan los caudillos y cómo afectan a nuestros países”, agregó el autor.

Sin embargo, la obra no solo aborda estos gobiernos catastróficos, sino en el porqué los ciudadanos los permiten llegar al poder, sobre todo en la América Latina contemporánea, afectada por una historia reciente de caudillos.

Para el escritor, hay diversos motivos, muchos relacionados a la educación y al propio blindaje del poder. Con él concordó Francisco Huerta Montalvo, quien realizó un análisis introductorio a la presentación de la obra, llevada a cabo en el hotel Oro Verde.

“‘El egoísmo político’ habla del individualismo, del totalitarismo que ha quedado sembrado en nuestros gobiernos y que nos impide progresar; confundimos líderes con caudillos”, señaló.

Pero el libro también ofrece soluciones.

Además de conceptos como la necesidad de consolidar las fuerzas políticas y los partidos, de armar contraposiciones a la corrupción a través de las funciones de las distintas ramas del Estado también hay una crucial; forjar nuevas generaciones de políticos que tengan como objetivo el progreso de sus comunidades versus el bien propio.

“Se habla del bien común solo como una consigna que nadie practica”, subrayó Delgado. “No es por falta de leyes que Latinoamérica es pobre, es por falta de hombres y mujeres que quieran transformarse y quieran transformar el mundo”. Faltan virtuosos que quieran trabajar en servicio de sus comunidades y no de sí mismos. El bien común es una tarea pendiente”.

Para este, es necesario motivar a los jóvenes a tomar la batuta del Estado, pero a través de un trabajo real direccionado a una política que busque beneficiar al país y no, nuevamente, a perpetrar caudillos, consolidando el poder en una sola rama del Estado y a través del culto a la personalidad.

“Necesitamos gente que quiera servir a la comunidad, pero que tenga claro el pasado y que sepa que la manera de avanzar es dialogando. No hay que temerle a la política. Muchos la evitan por miedo a ser considerados corruptos, pero solo a través de un cambio lograremos cambiar el mundo”.

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