Dolor y cantos en adiós a Rubira Infante

Fue el compositor de más de 600 canciones en géneros nacionales y el descubridor de jóvenes talentos. Le cantó a su tierra y su música unió al país.

16 sep 2018 / 00:00

Familiares, amigos, allegados y ciudadanía en general se unieron ayer para brindar un último homenaje al cantante y compositor guayaquileño, Carlos Aurelio Rubira Infante, quien murió el viernes pasado a dos días de cumplir los 97 años.

Lo hicieron en medio del dolor que provocó su partida e interpretando algunas de las melodías que él compuso como ‘Guayaquileño madera de guerrero’, ‘Playita mía’, ‘Chica linda’, entre otras, con las cuales se convirtió en el ‘cantautor de la unidad nacional’, como muchos lo han denominado.

Su cuerpo fue velado desde la tarde del viernes en el Salón de la Cuidad, de la Municipalidad, donde recibió la visita de cientos de personas que siguieron de cerca su enfermedad y de aquellos que asistieron para expresar su agradecimiento por el gran legado que dejó a la música ecuatoriana.

El féretro fue trasladado en la mañana de ayer a una de las salas de velaciones de la Junta de Beneficencia de Guayaquil. Iba cubierto con la bandera celeste y blanca, que también rendía homenaje al ‘Guayaquileño madera de guerrero’ y descubridor de jóvenes talentos que se han ganado un espacio interpretando la música nacional, entre ellos Fresia Saavedra, la ‘Señora del Pasillo’; Liliam Suárez, o Julio Jaramillo, el ‘Ruiseñor de América’, a quien conoció cuando este se ganaba la vida trabajando en una zapatería.

Un retrato con su rostro sobresalía entre los cientos de rosas blancas y arreglos florales, símbolo del afecto que le prodigaron instituciones públicas y privadas por haber aportado al pentagrama nacional con más de 600 composiciones.

Las lágrimas inevitables de quienes lo conocieron contagiaron a los presentes, quienes se acercaron al féretro para darle el último adiós y orar por su descanso eterno.

No faltaron los recuerdos y anécdotas de los amigos de aquellas noches de bohemia, donde disfrutaron con él no solo una copa de vino, sino también las ganas de luchar por la identidad de los ecuatorianos a través del pasillo, albazo, sanjuanito y otros géneros musicales, indica Milciades Gutiérrez, cantor popular chileno, quien tiene 42 años viviendo en Ecuador y desde hace 38 tiene el gusto de ser amigo de Carlos Aurelio. “Es un amigo irremplazable por su hombría de bien. Recuerdo las tertulias nocturnas y la buena memoria que tenía para recordar las letras de todas sus canciones”, señala acongojado.

Jimmy Candel, hijo político del fallecido, lo recuerda como un luchador incansable por lograr la ecuatorianidad. Su mayor orgullo, dice, fue ver a todo un país unido a través de canciones como ‘Venga conozca El Oro’, ‘Lindo Milagro’ o ‘El cóndor mensajero’, dedicada al cantón Alausí.

Anita Quinde Salvadores, cantante nacional, fue la encargada de entonar algunas canciones de la autoría de Rubira, al pie de su féretro. Su voz se entrecortaba, pero con el acompañamiento de las guitarras de otros cantantes, cumplió su objetivo. “Él fue mi maestro y este es mi homenaje a quien me enseñó a amar la música ecuatoriana”, anotó entre sollozos.

A las 15:00 se ofició una misa de cuerpo presente y al término de ella, varios de los presentes cargaron en hombros el féretro que fue trasladado a una bóveda mausoleo de la puerta 8, del cementerio patrimonial de la Junta de Beneficencia de Guayaquil.

Un cielo nublado y un centenar de personas despidieron al compositor, que el pasado abril fue elegido para ingresar, junto con otros cuatro músicos, al Salón de la Fama de los Compositores Latinos en Miami.

Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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