“Perdí mi silueta y no me importa”

10 may 2019 / 19:18

La doctora Julie Wray, de la Universidad de Salford (Inglaterra), señala que una madre necesita un año para recuperarse por completo, después del parto.

Al pasar por un embarazo se presentan alteraciones corporales, aparecen estrías, flacidez y en algunos casos el aumento de peso o tallas. Eso puede afectar la psiquis, provocando que la mujer se sienta incómoda consigo misma. En su deseo de volver a su anterior figura decide trabajar físicamente, algo acertado, pero lo primero es aceptarse tal como es y reconocer que su cuerpo es maravilloso, porque es el único que tiene la capacidad de nutrir y traer al mundo una nueva vida, señala la psicóloga Mariana Loor. Ella recomienda tener un plan de acción que le permita paulatinamente combinar dieta y ejercicio, actividades que mejoran la autoestima, disminuyen la ansiedad, reducen el estrés y favorecen la liberación de endorfinas.

Ver que influencers fit como Sascha Barboza o Jennifer Lopez recobran su peso y medidas en tiempo récord, no debe tensionarla. Tenga presente que sus carreras se basan en la imagen, por eso deben mantener su figura; además cuentan con ayudas extras como entrenadores personales, especialistas en nutrición, etc. No permita que los estereotipos de belleza la definan.

“Perdí mi silueta y no me importa”

La pareja

Que esta apoye, acompañe y sostenga emocionalmente a la madre, proporcionándole un ambiente relajado, para que ella se habitúe a la nueva situación. Que el padre del bebé sea empático y tenga una escucha activa, ya que en este proceso las mujeres necesitan expresar sus sentimientos y vivencias. Parte del soporte es alentarla a trabajar en recuperar su figura, otorgándole el espacio para hacerlo.

“Perdí mi silueta y no me importa”

Recupérese por usted misma

Volver al peso natural debe ser un proceso natural, sin caer en presiones del entorno (pareja, familia, amigos, una misma). Recuerde que su cuerpo alojó durante nueve meses a una nueva vida, y al igual que en cualquier caso de cambio de imagen, este debe darse por salud y porque quiere sentirse bien conmigo misma, más allá de querer agradar a otros. “El cuerpo muta y en ese proceso está la ardua labor de entender el nuevo rol y aceptar las variaciones tratando de sacar lo mejor de ellas, por eso reconozca su valía y ámese. Tal vez no luzca igual que antes con su ropa, pero saque lo mejor de sí y trabaje su interior, para que de esta forma pueda proyectarse en su exterior y renovar la confianza”, enfatiza Loor.

Lo importante deja cicatrices

“Desde hace nueve meses soy mamá. Esas dos rayas en una prueba de embarazo anunciaban las variaciones. Aún no te identificas porque en este proceso pierdes parte de tu identidad, ves alteraciones en tu personalidad, cuerpo y gustos. Los primeros meses notas unos, que abren paso a otros más grandes, la aparición de malestares, náuseas, vómitos, dolores, cansancio. Te sientes mejor y vienen las desproporciones, tu cuerpo gigante, pero a través de golpecitos y movimientos percibes esa vida, acompañándote y amándote. Hay más chequeos y ruegos de que todo esté y salga bien. Cuando crees que ya no puede crecer nada más surgen estrías, calores y la ansiedad de lo desconocido al parto; pero su figura moviéndose en la pantalla se lleva las preocupaciones y te llena de ilusiones, hasta que llega el día del encuentro más impactante de tu vida. El posparto de la cesárea es largo, doloroso, pero todo lo importante deja cicatrices y es entonces cuando te dan a tu bebé, se apega a ti, necesitándote, amándote. Desde el primer apretón de dedo y mirada, valió la pena cada cambio”, relata Leonor Marquinez, madre de Ivanna, su primera hija.

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