“Mi problema, mis padres”

Un asunto es corregir y educar, otro es convertirse en una carga para su hijo y estropear la relación, llenándola de contrariedades y distancia.

15 abr 2019 / 11:21

¿Llegar pronto o no a casa? Una pregunta que generaba conflicto interno en Ana, quien relata que aparecerse tarde o temprano, era motivo de discusión con sus padres. Y es que en temas sencillos o importantes de su vida... ellos decidían, ordenaban.

Su hogar era un cuartel. Bastaba retrasarse unos minutos de su hora habitual para que su madre la recibiera en casa con una bofetada. Sus amigos testificaban todo. Reflexiona que generalmente en las familias hay un padre severo y el otro no tanto, pero lamentaba que en su caso dos conflictivos le tocaran, por eso levantó murallas en su corazón contra ellos. Cada problema era otro ladrillo.

Así pasaron los años y llegó la adolescencia, etapa que describe como fuerte, triste y sin deseos de vivir, pero le faltaba valor para accionar. A ratos se rebelaba, pero con eso no resolvía nada. Admite que en este tipo de dilemas la guía profesional es importante, pero confiesa que lo de ella iba más allá, el resentimiento crecía sin límites por lo que considera que en casos intensos la ayuda solo puede venir del cielo y así pasó: su papá enfermó gravemente. El suceso derribó la pared y construyó lazos que nunca se afianzaron en 21 años. Luego del duelo descubrió porqué su padre, abogado de profesión (quien nunca le dio el derecho a la defensa), se comportaba como un general, él vivió algo peor.

Ana da gracias a Dios por la restauración de su relación y hoy disfruta de cuidar a su mamá, quien ha cambiado al ver que la rebeldía se fue y se instauró el amor y la paciencia.

Los padres problemáticos, por lo general, marcan negativamente a sus hijos, mermando su valor como persona, incidiendo en su autoestima, autoconcepto y autoconfianza. Muchos no saben que lo son y repiten patrones de crianza a los que estuvieron expuestos, por eso hay que aprender nuevas herramientas para educar de forma equilibrada, con amabilidad y firmeza al mismo tiempo. “Instruyen con rigor excesivo y no los dejan ser ellos mismos; pretenden ‘sobrevolarlos’ como helicóptero controlando lo que hacen. También los maltratan física y emocionalmente, causando temor y estrés en sus vástagos, inhibiendo su autenticidad”, señala Solange Blum, coach y orientadora familiar.

Marjorie Vaca, miembro de la Federación Ecuatoriana de Psicólogos Clínicos, incluye en este grupo a los negligentes, quienes no proveen el soporte emocional a sus hijos. Y es que ignorarlos es una forma de maltrato.

“Mi problema, mis padres”

Características de padres e hijos

Una de las principales, en este tipo de padres, es el narcisismo, ya que ser el centro de atención en su sistema familiar, invalida las opiniones de los otros, toma las decisiones, presiona a sus hijos y les dice cómo actuar y qué decir. Otra es la inestabilidad emocional, pues desconoce el manejo de la ira, que da paso a la violencia, indica Vaca.

En los hijos hay inseguridad de establecer vínculos emocionales (no sentirse digno de amor), en el trabajo, relaciones sociales; además, baja autoestima, poca tolerancia a la frustración, impulsividad, entre otras.

“Mi problema, mis padres”

Consecuencias

En los hijos: Signos de rebeldía y alteraciones en el comportamiento, indiferencia y rechazo hacia los padres, incluso podrían refugiarse en sustancias psicoactivas. Optan por la independencia para abandonar el hogar.

En los padres: Sentimientos de soledad y a veces sentimientos de culpa.

“Mi problema, mis padres”

¿Cómo lidiar con ellos?

- Aceptación: Una vez identificado el problema, saber cómo es la personalidad de sus progenitores es el primer paso para evitar la frustración.

- Escuchar: Por más enojado que esté escuche a sus padres y trate de entender lo que dicen. Hacerlo es un gesto de respeto hacia ellos.

- Negociación: En caso de que pidan algo, lleguen a un acuerdo en el que todos estén conformes.

- Comunicación asertiva: Expresar los sentimientos de manera clara y directa sobre la situación que viven y lo poco saludable que es para todos.

- Brindar confianza: Si sus padres solicitan información de las actividades cotidianas, désela, así se evita problemas.

- Realización de actividades recreativas: Artísticas, deportivas, sociales. Participar juntos ayuda a afianzar el vínculo.

- La psicoterapia: Con intervención especializada se puede cautelar la salud mental.

“Mi problema, mis padres”

No es ausencia de amor

Su actuación no es por falta de afecto hacia sus hijos. Pero es necesario que los padres se instruyan. “Antes se decía que no hay escuelas para ellos, ahora las hay, y como sociedad tenemos la responsabilidad de enseñarles para que sanen y fortalezcan las relaciones con sus vástagos. Primero, curando su propia historia de crianza para que cada uno saque un aprendizaje, reinterprete su pasado y decida dejar huellas positivas en su descendencia”, subraya Blum.

Es decisión de cada uno reaprender, esto es amar por anticipado a los que serán sus generaciones, así romperá el ciclo de maltrato o violencia que se viene dando.

Pregunte en el plantel de su hijo si hay cursos para ser mejores padres. O también puede tomar los talleres en www.herenciafamiliar.org/ o www.construyendofamilia.com/.

Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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