Chechi Torres, vocera del mar

Cecilia ha dicho que cuando surfeas notas lo diminuto que somos, lo fuerte que es el océano y cómo, pese a eso, lo estamos rompiendo.

15 abr 2019 / 10:28

En los más de 9.000 metros cuadrados de arena ligeramente oscura que conforman la Playa Palo Seco, en la provincia de Puntarenas en Costa Rica, las tortugas marinas hembras se deslizan desde las honduras hasta la costa para escarbar en la tierra y formar su nido. Luego, cuando los huevos eclosionan, esas 100 o 200 crías son desafiadas a volver al mar, enfrentando a depredadores naturales como aves de rapiña o criaturas marinas. Pero también a enfrentar una nueva especie de depredadores artificiales y silenciosos que, a diferencia de los otros, no deberían estar ahí: los plásticos desechables.

Cuando en 2012 Cecilia Torres, ahora directora general del proyecto de cuidado ambiental ‘Mingas por el mar’, vio esto de cerca, picando los ojos, se decidió a actuar. Después de todo, el azul del mar la ha inundado siempre.

Aprender a caminar en su casa familiar en Punta Carnero, Salinas, fue su primera conexión con el océano. Lo que vino después fueron las escapadas de fines de semana con sus amigos de Manglaralto y la playa que nunca duerme, Montañita, cuando practicaba ‘bodyboard’, o el arte de deslizarse por las coronillas de las olas con una tabla corta, a los diecisiete.

Ese deporte la conectó con el estudio del ecoturismo en la Universidad del Pacífico; eso, a su vez, la vinculó más fuertemente con el surf y también con la labor que ahora soportan sus dos hombros: el cuidado de los océanos en el país.

Por ello se unió a ‘Mingas por el mar’, proyecto creado por la pareja de esposos Isabel Romero y Michael Warwick, luego de vivir en Costa Rica por tres años mientras analizaba el ecosistema del lugar y administraba Clandestino Beach Resort, un hotel de cuatro estrellas atrapado en las titánicas palmeras de Playa Palo Seco.

‘Mingas por el mar’, que en la actualidad cuenta con 200 voluntarios a nivel nacional, recolecta los desechos en las costas y profundidades de las playas, los clasifica, contabiliza y recicla. Aunque en un plano menos utópico, “lastimosamente el 80 % de lo que recogemos no es reciclable”, dice Cecilia, o Chechi como la llaman los suyos.

Y aunque ese es un problema de peso en su logística, hay algo más grande aquejando su tarea de reparar las ondas del piélago del mar. “Hay muchos que vienen desde la ciudad, sin una conexión con las playas y no tienen cuidado con ellas. Solo vienen a divertirse y no les importa cómo queda luego de su paso”. Por eso le encargan a los embajadores hacer ver que el mar, aunque inmenso y potente, como todos los humanos tiene zonas frágiles. Y que también, a diferencia de nosotros, no puede quejarse.

Cuando le preguntan si la definición de embajadora va con ella, responde que no. “Que es respetuosa, a lo mucho. Porque se trata sobre observar, apreciar y respetar los ecosistemas”, y que solo se respeta lo que se observa.

Cecilia Torres se ha auto definido como una vocera del mar, aunque bajo un análisis tendido bien podría ser una especie de sirena que cuida lo suyo desde las profundidades del océano hasta la superficie. Al oír la comparación se ríe y dice que mejor es verlos a ella y a sus voluntarios “como un ejército azul de 200 cabezas”.

La risa cesa y agrega que a veces es mejor vivir en la ignorancia, “porque saber lo dañinos que somos con el mar entristece”. Pero ahí, justamente, recae toda la guerra, en que todos lo sepan, porque las penas compartidas duelen menos. O solo dejan de existir.

Personal

- Nació el 28 de julio de 1986.
- Egresada de la carrera de Ingeniería en Administración Turística de la Universidad del Pacífico, ahora dirige el proyecto ‘Mingas por el mar’. Amante del surf y el buceo junto a su esposo Ricardo Plaza, cuya playa favorita es Mompiche o Shit Bay en Salinas.

Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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