Violencia: con V de Venezuela

05 ene 2019 / 00:01

    La Organización Mundial de la Salud califica de “epidemia” de violencia a la situación que sufren los países donde ocurren más de 10 homicidios por cada 100.000 habitantes. En Venezuela, el 2018 cerró con 81,4 homicidios por cada 100.000 habitantes y en ciertas ciudades como El Callao, en el Estado Bolívar, la zona minera del sur, ese índice se eleva a la escalofriante cifra de 619,8 muertos por cada 100.000 habitantes.

    Las estadísticas señaladas hacen de la patria del Libertador Bolívar la nación más violenta de América Latina, superando a El Salvador y a Honduras. Por los miles de asesinatos que allí se cometen, Venezuela ocupa de largo el primer lugar, con una especial característica: casi un tercio de esas muertes se producen por lo que allá se denomina “resistencia a la autoridad”, y algunas configuran con claridad la condición de homicidios extrajudiciales.

    Con ese entorno como referencia, sumado al enorme desempleo, la hiperinflación y al creciente desabastecimiento de alimentos y medicinas, no es difícil entender por qué se da una migración venezolana de la magnitud que se conoce.

    Sin duda, entre esos migrantes también están algunos delincuentes, quienes, dada la política venezolana que establece que la solución al problema es “desaparecer” a aquel que delinque, en lugar de reducir la delincuencia, han decidido abandonar su país y buscar ambientes más propicios para el ejercicio de sus criminales actividades.

    No es posible establecer cuántos venezolanos de los que llegan al Ecuador tienen antecedentes criminales, pero es una interrogante a la que hay que dar urgente respuesta. Por supuesto, una conclusión absurda en la que no hay que caer es la de presuponer, con inaceptable prejuicio, que todos los migrantes procedentes de Venezuela que han decidido venir al Ecuador son delincuentes reales o potenciales. Sin embargo, algunos sí lo son y de ello han comenzado a evidenciarse unos cuantos casos que permiten la peligrosa generalización y el surgimiento de una inadmisible xenofobia.

    Toca en cualquier caso, el más estricto control a las autoridades encargadas de vigilar las fronteras, no olvidando que el envío de delincuentes no es una práctica ajena a las intenciones desestabilizadoras de cualquier régimen, por parte de quienes tienen “razones políticas” para así proceder. Se viven tiempos de vale todo.

    Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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