Servir la mesa o inflarla

09 nov 2018 / 00:00

    Hace 10 días, Ecuador tenía un signo de interrogación, a punto de resolverse, sobre cuál sería el rumbo económico del país. Hoy, con la proforma presupuestaria al aire, esa incógnita no termina de resolverse. Las cuentas para el próximo año fungen como una extremidad alargada de las anteriores. Mucho financiamiento y más optimismo que recuerda a la cacareada mesa servida del gobierno anterior.

    La oportunidad de desmarcarse del pasado en estrategia económica pasó. Sin entrar aún a revisar la idoneidad de las reformas planteadas, la evidencia que persiste es que el Ejecutivo piensa seguir un año más huyendo hacia delante de una crisis que fue negada hasta que se hizo imposible mantener la venda sobre los ojos. La receta de endeudamiento, ajuste insuficiente y entusiasmo sobreestimado se mantiene. Con correcciones, sí. Cambios que, siendo importantes, dejan sin definir ese nuevo rumbo que se esperaría como el planteado con efusividad por el sector privado antes de que tuviera peso en el seno gubernamental. Las autoridades económicas han dejado pasar la oportunidad de aleccionar al correísmo en materia económica justo cuando tenían la primera ocasión de hacer una apuesta propia.

    La fórmula elegida para 2019 deja un sabor a más ‘quieros’ que ‘puedos’. Y el riesgo a fracasar arrastraría a la credibilidad gubernamental.

    Las dudas llegan por ambos flancos: por los ingresos y por los gastos. Un PIB de 113.000 millones de dólares que se sostiene en un crecimiento que duplica a la previsión del FMI y hace de base para un cálculo tributario excesivo y un precio de crudo que deja poco margen para el ahorro. Sin uno de los pilares, el castillo se viene abajo. Y, aun así, ahí aparece más optimismo: el del financiamiento. El de aparcar los problemas de hoy para cuando se puedan pagar mañana. Con un matiz: cada vez hay menos recorrido hasta llegar al abismo.

    Las fuentes de financiamiento se encarecen y se agotan. De ahí que el ingenio, como en el régimen anterior, aflore como salvavidas para buscar mecanismos alternativos de endeudamiento. La banca de inversión privada, con garantías del doble de lo recibido, han aparecido como un balón de oxígeno. Pero la gran cuestión, la de cuándo saldrá Ecuador de sus dificultades, sigue sin despejarse. Y esa es la única certeza de los presupuestos para 2019.

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