Rescate moral

08 feb 2019 / 00:00

    Un fiscal general que en rueda de prensa declara una obviedad sobre uno de los más graves casos de corrupción del país. Perros hallados culpables por un cargamento de droga en una valija diplomática. Una asambleísta que llama ofrecimiento de ayuda humanitaria a su aparente propuesta para que una testigo modifique su versión en un caso judicial en curso.

    En los últimos años los ecuatorianos hemos atestiguado hechos insólitos y comportamientos inéditos, sin que como un colectivo consciente, responsable y que se hace respetar hayamos tenido un pronunciamiento masivo de protesta. Pero lo más grave es que además de continuar impávidos nos encaminamos hacia un nuevo proceso electoral, aun cuando no se ha producido una mínima depuración en el ámbito político.

    Candidatos que ni declaran ni pagan impuestos. Propaganda electoral iniciada antes de tiempo por quienes buscan convertirse en autoridad, contraviniendo la ley que, de ganar, deberán hacer respetar. Denuncias no confirmadas sobre actos dolosos, presuntamente cometidos por ciertos aspirantes a cargos públicos. Cambios constantes de tienda política que evidencian que no hay una línea de pensamiento consistente. Difusión, sin la menor clase de censura, de información no contrastada y ofensiva en redes sociales.

    El país se desmorona y ni los más descabellados sucesos logran que la ciudadanía reaccione, convertida en la simple espectadora de una degradación social que avanza sin freno. Es necesario que la población despierte y ejerza presión sobre la clase política y el sistema de administración de justicia, iniciando un proceso de rescate moral del Ecuador. Es el momento de exigir que los cambios planteados en la educación se concreten con la inmediatez que la crisis exige, estipulando plazos y metas por alcanzar. Demandar de las autoridades de Justicia los cambios en las leyes que permitan la independencia en los fallos, y las acciones que garanticen la sanción de los delitos, así como la derogación de los cuerpos legales que favorecen la criminalidad y cuyos resultados fallidos se hacen patentes día a día en la inseguridad que reina en las calles y en el aumento disparado de las adicciones. Que quede atrás la permisividad. Que surjan verdaderos referentes éticos que lideren a las nuevas generaciones hacia la honestidad y la eficiencia. Que se dé una impostergable e imprescindible regeneración ética.

    Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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