Maduro aislado y bajo presión

13 ene 2019 / 00:00

    Una certeza contemporánea, ratificada en múltiples ocasiones, está dada por el accionar de la autodenominada izquierda revolucionaria latinoamericana y de manera especial por el calificado como socialismo del siglo XXI: una vez llegado al poder, utilizando, en ocasiones, los mecanismos de la democracia o desvirtuándolos con escandalosos fraudes electorales, su apetencia por mantenerse en él ha llevado a todo tipo de maniobras y excesos, deviniendo en prolongadas dictaduras, generalmente corruptas y violadoras de los derechos humanos.

    Un caso paradigmático es el de Venezuela. Luego de la emergencia de Hugo Chávez como líder militar insurrecto ante una partidocracia a la que la riqueza petrolera también degeneró en cleptocracia, la popularidad alcanzada y la búsqueda de salidas de un pueblo cansado de que la riqueza producida por “el excremento del diablo” no se utilice para satisfacer sus necesidades, llevó al militar bolivariano a la presidencia de la república en razón del voto popular, esperanzado en lograr un cambio positivo.

    De allí para adelante la historia es ampliamente conocida: en Venezuela se instauró un régimen denominado cívico-militar en razón de la abierta participación de las Fuerzas Armadas en la consolidación del mismo.

    Con un inicio aparentemente respetuoso de los valores democráticos y en el marco de programas destinados a satisfacer a los sectores populares que sintieron que el petróleo también servía para atender sus requerimientos, sobre todo en salud y educación, Chávez robusteció su liderazgo y orientó a su gobierno, con los altos precios del oro negro, a la búsqueda de un liderazgo continental de Venezuela, especialmente entre los países del Caribe.

    Luego de su muerte, y transcurrido un primer período del presidente Maduro, las acusaciones de fraude, sumadas a las de corrupción y narcotráfico, y a la dura represión de los sectores opositores, el nuevo mandato recién inaugurado no cuenta con el respaldo de los países del continente. México, retomando la doctrina Estrada, se abstuvo. El Ecuador en cambio, se sumó al desconocimiento aprobado en la OEA.

    Ojalá el aislamiento no deje en la indefensión al noble pueblo venezolano, dando paso a que la actual dictadura que intenta guardar las formas, se convierta en un régimen abiertamente totalitario.

    Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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