El plan: desinformar

08 oct 2019 / 00:00

    Tras el fin de una década en la que se declaró que la prensa era la principal oposición del Gobierno y se manejaban estrategias comunicacionales onerosas y estructuradas, es difícil creer en casualidades como las que brotan alrededor del caos del estado de excepción.

    Coinciden en el tiempo dos fenómenos con un solo objetivo: distorsionar la realidad. No es casualidad que a la vez que se acusa a los medios de ocultar información, salgan innumerables mentiras o intentos de intoxicación informativa a través de las redes. Los medios han preguntado al Gobierno por el impacto de la retirada del subsidio, por la respuesta agresiva de las fuerzas de seguridad y por la especulación de precios. El trabajo está hecho, pero alguien quiere que se instale la duda en el colectivo ciudadano y, aprovechando la confusión y la preocupación, colar en las mentes ciudadanas las invenciones que -¡oh, casualidad!- solo benefician a un colectivo ya despojado de poder.

    Las noticias falsas no son noticias; son mentiras. Como los falsos indígenas que defienden a corruptos, como las imitaciones a los comunicados urgentes de medios e instituciones o como los videos de otros países, o antiguos. Nada de eso se mezcla ahora con la realidad por casualidad. Nada es improvisado. Y, sobre todo, nada es gratis.

    Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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