Contra la democracia

12 mar 2019 / 00:01

    No hay democracia con corrupción. Las irregularidades estructurales y necrosadas en las instituciones públicas son más que irregularidades. Son el quebrantamiento de los principios fundamentales sobre los que se construye y sostiene todo régimen democrático. Una democracia corrupta no es democracia. Y una autoridad con manos sucias está destruyendo todo desde dentro. No es una institución, no es una cuenta, no es un proyecto. Es todo. La democracia.

    Se vuelve inevitable recordar estas máximas cuando las noticias de corrupción, de mal uso de los recursos, de negociación de cargos y de cualquier otra manifestación de comportamientos cancerígenos en la administración de un Estado son tan habituales que terminan por resultar indiferentes a sus mandantes. La opinión pública se vuelve inmune a los escándalos. Y eso se traslada a dos resultados perversos. El menos grave: que la deshonestidad institucionalizada se percibe como inevitable. El peor: que termina siendo normal.

    Ecuador y los ecuatorianos no pueden caer en esa trampa. Y, para ello, es indispensable que la sociedad tome consciencia de que ella misma es corrupta. No habría corrupción en un país sin corruptos y corruptores. No basta con la predisposición de algunos altos -o no tan altos- cargos de ser corrompidos. Es necesario también que haya un sujeto que envenena. Normalmente, será un agente privado que se beneficia de la transacción.

    Aunque duela, es importante señalar el punto de partida. Porque sujeto privado es un concepto que no deja a nadie fuera, ya sea con o sin poder. Por eso, la responsabilidad debe llegar a todos. Para no causar prácticas tramposas, para no permitirlas cuando se detectan y para no mirar a otro lado por saturación.

    Conscientes del comportamiento desencadenante, la sanción no puede excluir a ninguno de los partícipes. Sin perjuicio de los acuerdos de cooperación penal que contribuyen a llegar al pez más gordo en la cadena de corruptos responsables, es intolerable que un actor privado, en medio de una negociación en la que reconoce haber tenido dinero sucio en sus manos, pueda hacer propuestas de resarcimiento acomodadas a su situación. Los propulsores de la corrupción, con buena voluntad o sin ella, son también parte del problema. Que nadie se confunda.

    Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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