Cartografía económica

17 may 2019 / 19:00

    De las pocas lecciones que han perdurado en el colectivo ecuatoriano tras la última década, la de conocer hasta el último detalle de cada decisión que afecta al país es irrenunciable. Ecuador ya aprendió qué ocurre cuando el Gobierno, asumiendo una especie de máxima del despotismo ilustrado contemporáneo, toma las decisiones que le convienen al pueblo pero sin haberlas compartido con los mandantes. Esa oscuridad, aplicada a las decisiones económicas, sumió a Ecuador en una deuda -deuda fantasma para los líderes de la última década- que existía a la hora de pagar las facturas pero no en el papel.

    Hace dos años se prometió, sobre todo, un cambio de maneras. Se prometió empatía, más conexión entre mandantes y mandados, y justicia social. Curioso debe ser meterse en la mente de quienes han intentado en los últimos meses elevar los costos de las tarjetas de crédito, de la factura de la luz, de restringir -ahora- la entrega de créditos hipotecarios o de pedir préstamos a China a cambio de nadie sabe qué, para saber cómo encajan estas maniobras en el discurso de la prometida transparencia. Curioso también que a quien sí se rinde cuentas, puntualmente, de lo avanzado sea al prestamista internacional que debe desembolsar liquidez.

    Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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