Víctima de sí mismo

18 abr 2019 / 00:00

    El suicidio de Alan García, además de una tragedia personal y familiar que asola a su entorno, deja un trasfondo trascendental por lo irreversible de su decisión y el motivo que lo origina. Es tan inhabitual que un expresidente de un país, acostumbrado al asedio de la presión que conlleva ese cargo, opte por la vía del suicido, que no había ocurrido desde 1973 con Salvador Allende. A diferencia de la historia de Chile, esta vez es la corrupción imperante en la región el origen de la dramática decisión. Todos los gobiernos de Perú desde 2001 y sus cuatro presidentes están salpicados por las sospechas de sobornos, financiación ilegal de campañas y tráfico de influencias. La prohibición de salida del país que recayó sobre García días atrás era “ya una sanción” para el exmandatario que dijo ser “el hombre más investigado en Perú en los últimos 30 años”.

    El disparo que le arrebata la vida deja en el aire, ahora, muchos interrogantes: ¿su estado emocional cedió ante la presión? ¿Quería evitar el escarnio público? ¿Su suicidio se interpretará como una aceptación de la culpabilidad o como un gesto de injusticia? ¿Fue Alan García víctima de su propia gestión o de un ansia de ajusticiamiento ante la epidemia de corrupción?

    “La prohibición de salida del país que recayó días atrás sobre Alan García era “ya una sanción” para el expresidente peruano que dijo ser “el hombre más investigado de Perú en los últimos 30 años”.

    Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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