¿Una solución al estilo Tiananmen en Hong Kong?

15 ago 2019 / 00:01

La crisis en Hong Kong se acercaría velozmente a un clímax devastador. El gobierno de China ha comenzado a usar una retórica similar a la que precedió a la masacre de la plaza Tiananmen en junio de 1989, y es muy posible que los manifestantes prodemocracia estén en grave peligro. Van más de dos meses de protestas en respuesta a un proyecto de ley que permitiría la extradición de presuntos delincuentes al territorio continental de China. Las manifestaciones se convirtieron en llamados más amplios a salvaguardar (o restaurar) la democracia semiautónoma y a fortalecer la rendición de cuentas del aparato estatal (en especial la policía). Conforme la agitación se prolonga, la paciencia del gobierno chino se agota y sus advertencias se vuelven cada vez más ominosas. La guarnición del Ejército Popular de Liberación -EPL- en Hong Kong está “decidida a proteger la soberanía nacional, la seguridad, la estabilidad y la prosperidad de Hong Kong”. Su declaración fue acompañada de un video promocional con militares chinos en acción. Yang Guang, vocero de la Oficina para Hong Kong y Macao del gobierno chino, advirtió a los manifestantes que no deben “tomar contención por debilidad” y reiteró la “firme determinación” del gobierno de “salvaguardar la prosperidad y estabilidad de Hong Kong”. Las advertencias cada vez más duras a los manifestantes hongkoneses hablan de un endurecimiento de posiciones y del ascendiente dentro del gobierno chino de figuras partidarias de tomar control total del territorio. Y se reflejan en la respuesta de la Policía, que ha incrementado el uso de balas de goma y gas lacrimógeno. Cientos de personas fueron arrestadas y 44 han sido acusadas de “disturbios”. Pero los manifestantes desafían al gobierno chino con determinación creciente. La semana pasada organizaron una huelga general que casi paralizó la ciudad y creció el apoyo al movimiento; miembros de la clase media (por ej., abogados y funcionarios públicos) se unieron abiertamente a la causa. La dirigencia china tal vez esté pensando que el mejor modo (o único) de restaurar su autoridad en Hong Kong es por la fuerza; aunque quizá el presidente Xi Jinping espere a que pasen las celebraciones del 70.º aniversario de la fundación de la República Popular, el 1 de octubre, antes de actuar. Una represión al estilo de Tiananmen no es la respuesta. La policía hongkonesa (con 31.000 efectivos) no está a la altura de ejecutar semejante represión. Carece de personal suficiente y es posible que sus oficiales se nieguen a emplear medios letales. Hay una gran diferencia entre disparar balas de goma a una multitud y asesinar a civiles. China tendría que desplegar la guarnición local del EPL o transferir desde el continente a decenas de miles de paramilitares (la Policía Armada del Pueblo). Es casi seguro que los residentes de Hong Kong tratarían a las fuerzas del gobierno chino como invasores y les opondrían la mayor resistencia posible. Los choques resultantes marcarían el final oficial del modelo “un país, dos sistemas”, y el gobierno de China se vería obligado a tomar control directo y total de la administración de Hong Kong. Destruida la legitimidad del gobierno hongkonés, la ciudad se volvería de inmediato ingobernable. La economía de Hong Kong (puente crucial entre China y el resto del mundo) se derrumbará casi de inmediato. Sin opciones buenas, las dirigencias tienen que elegir la menos mala. Aunque el gobierno de China abomine de la idea de hacer concesiones a los manifestantes de Hong Kong, es la decisión correcta, en vista de las consecuencias catastróficas de una represión militar.

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