Tiempo de decisión para Europa

29 dic 2018 / 00:00

Digan lo que quieran contra la Unión Europea, pero ambiciones o planes para concretarla no le faltan. Casi inmediatamente después del referendo de junio de 2016 para el ‘brexit’, los otros 27 Estados miembros acordaron la Hoja de Ruta de Bratislava, que traza el curso para un futuro sin el RU. Un año más tarde, la dirigencia de la UE adoptó la Agenda de los Dirigentes para que “oriente la actuación de la UE hasta las elecciones al Parlamento Europeo previstas para mayo de 2019”. Y ahora, la UE se prepara para celebrar una cumbre en Sibiu (Rumania), donde se terminarán de definir estos planes. Pero en definitiva, a la UE se la juzgará por resultados, no por resoluciones. En el decenio que pasó el bloque enfrentó dos grandes desafíos, y ahora está en proceso de enfrentar un tercero. El primero: la crisis del euro, que pudo llevar a la desaparición de la moneda común; pero se celebraron varias cumbres y Europa se las arregló para seguir tirando. Con el tiempo, las economías de los Estados miembros empezaron a recuperarse, y se adoptaron nuevos instrumentos para la coordinación de la política económica dentro de la eurozona. Pero justo cuando la UE comenzaba a recuperar la confianza pública, se produjo la crisis de refugiados de 2015, que afectó a algunos países mucho más que a otros y expuso flagrantes incoherencias en la aplicación de reglas comunes referidas al movimiento de personas. El tercer desafío es la inminente salida del RU de la UE. Como hasta ahora la primera ministra Theresa May no ha conseguido apoyo parlamentario para el acuerdo de salida que negoció, el RU está en crisis política total, y la dirigencia de la UE solo puede mirar desde un costado mientras se desarrolla el drama. Tras los horrores del referendo ‘brexit’ y la elección de Donald Trump en 2016, la victoria del presidente francés Emmanuel Macron en 2017 generó renovadas esperanzas. Pero en 2018 el futuro de Europa volvió a quedar sumido en profunda incertidumbre, sobre todo en Francia. No hay modo de saber lo que traerá 2019 pero la gobernabilidad se está complicando en toda Europa, conforme grandes partidos políticos tradicionales pierden apoyo a manos de partidos y movimientos arribistas de izquierda y derecha. En este panorama político cada vez más fragmentado y polarizado, el proceso de formar gobiernos nacionales se ha vuelto prolongado y arduo. Para colmo, parece haber en toda la UE una desaceleración del crecimiento económico, anterior incluso al estallido de las protestas masivas en Francia y al enfrentamiento presupuestario de Italia con la UE. Y sin importar cuánto tiempo permanezca en el cargo la canciller Angela Merkel, ya está claro que el respaldo alemán a una “unión de transferencias” está descartado. Ahora el peligro es que la incertidumbre política en Alemania, Francia, Italia y el RU dé una oportunidad a populistas y autoproclamados “demócratas iliberales”. Además, el entorno externo de Europa se ha vuelto más peligroso. Para manejar estos y otros desafíos futuros, la UE tendrá que redefinirse a partir de 2019. Ya no puede depender solamente del poder blando. Y como les sucede a todos los gobiernos, debe comenzar a prepararse para la revolución digital, o sufrirá altos costos a corto y largo plazo. La Hoja de Ruta de Bratislava, la Agenda de los Dirigentes y la próxima cumbre en Sibiu son necesarias, pero así como 2018 fue un año de confusión, 2019 será de decisión. La dirigencia europea debe confrontar las brutales realidades de un mundo cambiante. Solo entonces los votantes le confiarán el trazado de una nueva senda hacia un futuro de paz y prosperidad.

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