Solidaridad con Venezuela

12 ago 2018 / 00:01

    Sobre la actual situación político-económica de Venezuela se ha escrito en abundancia. Es una historia que sobrepasa con creces las creaciones más fantasiosas del realismo mágico. Bastaría meditar sobre la magnitud de su inflación para probar que no exagero. Aunque la cifra parecería imposible de alcanzar, ahí está. Lacerando la carne de los más pobres de la patria de Bolívar. Mostrando, tercamente, hasta dónde puede llegar la incompetencia estimulada por el afán totalitario. Ni en las mejores páginas literarias inspiradas en los más feroces dictadores caribeños se concibió tanta torpeza y tan poco amor por un pueblo de libertadores que, sin duda, merece mejor suerte.

    A mí, que allá viví admirando su historia y sus valores, me duele ver a los descendientes de Antonio José de Sucre, de Simón Rodríguez, de Rómulo Gallegos, de Jacinto Convit, de Armando Reverón (para citar al azar solo unos nombres de un país “más poblado en la gloria que en la tierra”) haciendo largas colas en la frontera colombo-ecuatoriana, luego hacinados en improvisados refugios y después sometidos a todo género de explotaciones mientras están en tránsito hacia otros países o tratan de asentarse en el nuestro.

    No puede ser que hasta que se resuelva el problema de fondo- el retorno a la democracia en Venezuela- sus hijos tengan que sufrir las humillaciones más intolerables, durmiendo en la calle sin abrigo y sin alimentos, y lo que es peor: sin esperanzas.

    Creo que por un principio elemental de gratitud -bien acogidos fueron los ecuatorianos en Venezuela cuando a muchos de nuestros compatriotas les tocó migrar hacia allá- el Gobierno nacional, pese a la crisis, en acuerdo con las autoridades municipales y organismos eclesiásticos y privados, debería adecuar asilos de emergencia, de modo que, con una adecuada reglamentación, se proporcione alojamiento temporal a los expulsados de una república que ha dejado de ser tal porque la secuestró una pandilla de malandros en nombre de altos ideales bolivarianos.

    En todo caso, hasta que ello ocurra -si ocurre- bien haríamos todos en ser solidarios con los venezolanos.

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