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Sin vergüenza

16 may 2018 / 00:00

    El que se fue, destruyó la moral, el respeto a las personas e instituciones, la ética y la honradez que era practicada por muchos ecuatorianos a quienes miserable y descaradamente pervirtió, tocándoles esa fibra sensible que tenemos y que a veces, al estimularla, hace perder la compostura, permitiendo que el dinero y las ansias de poder se enseñoreen de las mentes, convirtiendo a los ciudadanos en miserables androides que deambulan por calles y plazas.

    No contento con horadar la fortaleza de muchos espíritus, su perversidad profunda e inagotable lesionó en muchos su estructura talámica, hasta el punto de transformarlos en seres abyectos y canallas.

    Mi abuela, cuando niños, nos enseñó que el policía era un agente del orden que representaba a la autoridad y que debía ser mirado y tratado con respeto, y que el soldado era alguien que abandonando sus comodidades y arriesgando muchas veces la vida, se enrolaba en una de las ramas de las Fuerzas Armadas, en donde estaba presto para morir en defensa de la ley, de la Constitución y del territorio patrio.

    Este político de ingrata recordación, que se empeñó en destruir todo lo bueno que teníamos y que habíamos creado, logró penetrar en la conciencia de algunos de los hombres de uniforme, desviándolos de sus obligaciones y deberes y convirtiéndolos en miserables espías al más puro estilo estalinista, al haberlos inducido a crear unidades de espionaje altamente tecnificadas que instalaron micrófonos de escucha, cámaras de seguimiento asociadas a un sistema de pinchamiento telefónico, con el objeto de conocer la vida y milagros de sus propios compañeros de armas, cual si fueran delincuentes comunes que debían ser vigilados para conocer sus desmanes y perversiones.

    Con mucho dolor debemos reconocer que tardaremos décadas para volver a ubicar al Ecuador en el sitial que le corresponde, tiempo en el cual deberemos resanar las secuelas de la catástrofe política que significó para los ecuatorianos esta seudorevolución socialista, anarquista y maléfica del siglo XXI. ¡Luchemos por un nuevo y mejor Ecuador!

    Y sigo andando...

    Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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