Se acerca el invierno en el RU

07 nov 2018 / 00:00

El retiro del Reino Unido de la Unión Europea se está desarrollando rápidamente. El plan Chequers en que la primera ministra británica Theresa May ha basado su estrategia de negociación no tiene ninguna posibilidad de éxito. Ha sido rechazado por la UE, por el opositor Partido Laborista y por suficientes miembros conservadores del Parlamento como para garantizar que no pasará una votación parlamentaria. En consecuencia, la única opción del gobierno de May ha sido demorar el proceso y esperar a que suceda algo. Y podría implicar que la lógica subyacente del ‘brexit’ es incoherente. Por su parte, el plan Chequers se basa en una serie de acuerdos difíciles. El RU mantendría una relación arancelaria con la UE, pero no sería dentro de la unión aduanera de la UE. Por el contrario, los tribunales tanto del RU como de la UE implementarían un “reglamento” común, y el RU podría apartarse de las reglas comerciales de la UE al hacer acuerdos con terceros. Específicamente, tendría que haber una frontera entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda (que seguiría dentro de la UE) o entre Irlanda del Norte y Gran Bretaña. El primer escenario amenazaría el proceso de paz irlandés; el segundo destruiría el RU. El ‘brexit’ se basa en la idea de que la soberanía nacional es la única base racional para el orden internacional (realismo” según los académicos: Estados motivados por intereses claramente definidos y articulados que chocan constantemente entre sí a nivel global). Una representación popular de esta doctrina se puede encontrar en la serie Juego de tronos (GOT siglas en inglés), de HBO, que para muchos espectadores se ha convertido en una lente para entender la realidad contemporánea. Al retratar un mundo de traición y alianzas rotas, GOT sirve como la fábula perfecta para nuestro momento actual de incertidumbre internacional. Según el realismo al estilo GOT, la UE no tiene ningún sentido institucionalmente, por la trascendencia del nacionalismo y los intereses estatales. Una de las fuerzas impulsoras detrás del ‘brexit’ fue la idea de que Europa se está resquebrajando bajo el peso de una deuda insuperable y de una migración descontrolada. El RU simplemente escapaba de una casa en llamas antes de que se viniera abajo. Pero esta interpretación ignora todas las maneras en que las instituciones de la UE, las autoridades regulatorias y los marcos legales mantienen la casa en pie. Los europeos del norte y del sur tenían perspectivas muy diferentes sobre la crisis del euro; los europeos del este y del oeste tienen opiniones muy diferentes sobre los refugiados. Las principales divisiones políticas están al interior de las sociedades, no entre ellas, y la perspectiva de una salida muy probablemente las intensificaría. Después de todo, un nuevo orden conlleva nuevas divisiones, como hoy se evidencia en el RU. En la Europa continental, la dificultad de formular estrategias viables de una salida nacional hoy ya es bien conocida. En Italia, los dos partidos populistas en el poder han tenido que dar marcha atrás con sus observaciones euroescépticas anteriores para dejar en claro que un ‘Italexit’ no está sobre la mesa. En el marco realista, un gobierno debe representar los intereses del país a la perfección. Pero los intereses nacionales en una democracia pluralista son objeto de constante debate y desacuerdo. Durante la campaña para las elecciones generales de junio de 2017, May prometió que lideraría un gobierno “fuerte y estable”. Pero como no puede gobernar como una autócrata, “fuerte y estable” ya no es una opción, gracias al ‘brexit’.

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