¿Rusia debería abrazar a China?

13 jun 2019 / 20:21

    El presidente chino Xi Jinping fue muy popular en Rusia la semana pasada. En un momento en que el presidente norteamericano Donald Trump -que alguna vez catalogó de “excepcional” a su par chino-, entabla una guerra comercial contra China, Xi necesita un nuevo “mejor amigo”. Eso es lo que encontró en Putin. ¿Este afecto mutuo es realmente beneficioso para Rusia? En los últimos seis años, Putin y Xi se han reunido por lo menos 30 veces, y el comercio anual entre sus países representa más de US$ 100.000 millones. Pero la relación bilateral se ha profundizado significativamente en el último tiempo (el reciente Foro resultó en más de 25 acuerdos comerciales y de otro tipo en áreas que van de la agricultura a la tecnología). Ambos líderes dicen con entusiasmo que la relación entre sus dos países hoy es mejor que nunca. Para Rusia, los lazos más estrechos con China son indudablemente tentadores. Tras cinco años de sanciones internacionales luego de que anexara a Crimea, las aperturas de Xi ofrecen un respiro aparentemente bienvenido. Pero Putin haría bien en recordar los primeros intentos desafortunados de una unión ruso-china. La relación siempre fue tensa, porque Joseph Stalin y Mao Zedong competían por liderar el movimiento comunista internacional. Stalin se impuso, pero Mao sabía que los regímenes comunistas necesitaban un frente unificado contra el Occidente capitalista. Por eso estaba tan enfurecido en 1956, cuando Nikita Khrushchev, que asumió tras la muerte de Stalin, tres años antes, denunció a su antecesor. ¿Cómo podía atreverse a desafiar el estatus sublime de Stalin (y, por extensión, amenazar a Mao con un destino similar?). Aunque la URSS representaba 60 % de las exportaciones de China, las tensiones condujeron a una división que duró una década. Hoy, Putin y Xi compiten por el liderazgo global al desafiar a EE. UU. y Occidente, y ambos sintonizan con sus antecesores despiadados en el proceso. La diferencia es que, esta vez, con la economía de Rusia aquejada por las sanciones occidentales y la mala gestión de Putin, el líder chino es quien saca ventaja. Hasta el momento esto no ha generado problemas de envergadura para Rusia. El acuerdo entre la empresa de telecomunicaciones rusa MTS y Huawei para desarrollar redes 5G de nueva generación en Rusia el año próximo es beneficioso para ambos, pero fue impulsado por la necesidad de China de compensar la presión de Occidente, liderada por EE. UU., que ha bloqueado a Huawei. La combinación de poder económico chino y de audacia política rusa debería ayudar a los dos países a soportar mejor los desafíos planteados por EE. UU. Mas, rusos y chinos, cada uno parece menospreciar al otro, enarbolando el espectro de una competencia que, poco probablemente, Rusia vaya a ganar. En el más largo plazo, las grandes hazañas de Crimea y Siria le han dado a Putin más dolores de cabeza que felicidad; la gran estrategia nunca ha sido su fuerte. Por el contrario, los líderes chinos, que normalmente tienen una perspectiva de muy largo plazo, se han distinguido en esta materia. Xi tal vez no sea una excepción. Involucrar a un estratega muy superior en su ofensiva contra Occidente puede ser una apuesta que Putin -y Rusia- pronto lamentará.

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