Régimen laboral: camisa de fuerza

15 jun 2019 / 20:34

    La corrección política requiere no tocar el tema del régimen laboral ecuatoriano. Entretanto, abundan las evidencias de que su estructura constituye una camisa de fuerza que constriñe no solo el desempeño económico, sino que conspira contra la paz social y la estabilidad familiar al limitar las oportunidades de empleo, y en consecuencia de ingresos, de los ecuatorianos. La realidad es patética, tal como lo evidencia el hecho de que un millón y más de migrantes tuvieron que salir a engrosar las economías de otros países cuando el suyo propio les negó la posibilidad de trabajo. Para abundar en ello, en la actualidad tan solo cuatro de cada diez ecuatorianos está empleado formalmente, mientras el resto subsiste en la competencia abierta de los mercados informales.

    ¿Qué tiene que ver el régimen laboral con esto? La respuesta corta es: todo. La legislación defiende a ultranza a los trabajadores y empleados que cuentan con empleo a despecho de los que quedan por fuera. El régimen es ineficiente, discriminatorio e inequitativo pues favorece a unos pocos e ignora al resto. Si alguien se pregunta ¿por qué existe esta parcialización?, la respuesta es: porque ello conviene a los intereses económicos de los sindicalistas y a los políticos que constituyen sus corifeos. Los jerarcas laborales son los maestros del pataleo, pero los informales, subempleados y desempleados son la mayoría sin voz.

    Bajo el pretexto de proteger los derechos de los trabajadores la Legislatura aprobó el régimen de las 40 horas y cualquier flexibilización alrededor del mismo es combatida como si se tratara de un delito mayor. Es una imposición que cuesta cara pues la creación de plazas de trabajo y las condiciones, incluyendo los sueldos, salarios, beneficios, incentivos y prestaciones sociales se sujetan a las leyes de la economía, leyes que en la práctica son tan certeras como la ley de la gravedad.

    En un mercado fluido, la demanda laboral es diversa e individual en cuanto a especialización y calificaciones requeridas. A ello se contrapone el régimen vigente que propone un solo molde contractual, de rigidez cadavérica, caracterizado por la ausencia de movilidad y flexibilidad laboral. Las condiciones de empleo trancan las relaciones entre patronos y empleados, desincentivan la creación de vacantes y deprimen, en forma aleatoria, las remuneraciones. Es por ello que el Estado, sector que rehuye los condicionantes de la lógica económica, se convierte en el gran empleador. Los cargos burocráticos son los botines que los partidos de gobierno tienen a su haber, incluyendo, como ha ocurrido en épocas recientes, la oportunidad para cobrar diezmos, financiar agrupaciones políticas, manejar los hilos del poder y posibilitar toda suerte de prácticas corruptas.

    El régimen laboral y su pareja, el régimen tributario disfuncional que opera, se cuentan entre los mayores determinantes de la baja competitividad de la economía ecuatoriana. Se castiga al productor y al empresario con toda suerte de recargos y normas regulatorias, y se limita así la inversión privada de la cual depende la economía para crecer y generar empleos productivos. No es una receta del FMI, es un imperativo de país cambiar el paradigma del empleo.

    Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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