Reformular Internet de las cosas

15 sep 2018 / 00:00

En una conferencia de telecomunicaciones ofrecida por Huawei el año pasado, planteé a un grupo de altos ejecutivos que buscaban oportunidades de crecimiento en un mercado saturado que mil millones de nuevos abonados estaban a la espera de sus servicios. Y tras mostrarles la foto de una vaca, pensaron que bromeaba, pero era muy en serio. Los granjeros chinos ya están conectando sus rebaños a la Internet. Los collares de las vacas con sensores inalámbricos reúnen datos biométricos como la temperatura corporal y el ritmo cardíaco. Esta información se procesa para mejorar la producción de leche, ayudando a los granjeros a ganar unos $420 adicionales por vaca al año y mejorando los beneficios generales en un 50 % anuales. Para ellos, una mayor cantidad de datos significa más dinero en el banco. La información siempre mejora la toma de decisiones. Y en el sector de las telecomunicaciones creemos que el mundo se beneficiaría con la reformulación de la conectividad digital. Conectar más “cosas” a la Internet tiene el potencial de elevar la eficiencia, aumentar la productividad, reducir los desechos e impulsar el crecimiento económico. Según estudios, una Internet de las Cosas (IoT, por sus siglas en inglés) totalmente conectada podría añadir hasta $11 billones a la economía global al año para 2025. Mas, estos beneficios se harán realidad con necesarios cambios en la recopilación y manejo de datos. Las redes de banda ancha actuales se construyeron para servir a las personas, y siendo aplicaciones importantes su alcance es muy limitado. Los escenarios para conectar cosas son mucho más diversos: un contenedor conectado a la red que cruce el océano debe tener un rango inalámbrico amplio, pero no necesita velocidades de respuesta súper rápidas. Lo opuesto vale para las gafas de realidad virtual, que requieren un retraso ultra bajo, o latencia, para dar a los usuarios una experiencia envolvente. Para el 2025, habrá en el mundo cerca de 100 mil millones de dispositivos conectados, y para derivar el máximo valor de estos vínculos tendremos que optimizar nuestras redes para las cosas, así como para las personas. El 1° paso es asegurarnos de que las redes futuras cuenten con suficiente ancho de banda para manejar aplicaciones como vídeo de alta definición que será la mayor parte del tráfico de usuarios. Actualizar los sistemas para el manejo de vídeo industrial, que se está convirtiendo en parte integral de la manufactura moderna (las fábricas de chips usan visión electrónica para comprobar si los circuitos integrados tienen defectos microscópicos, un proceso de resolución altísima). 2°) Para alimentar redes conectadas, robots “inteligentes” y otras máquinas, las redes de próxima generación deberán ser más rápidas y tener una capacidad aún mayor. 3°) Las redes del mañana deberán ajustarse y repararse automáticamente. La inteligencia artificial permitirá que las funciones de red básicas se pongan en piloto automático, y esto se volverá necesario por simples razones de economía. En particular, el espectro inalámbrico formarán la base de muchos servicios digitales. Pero, al igual que el agua y el petróleo, el espectro es un recurso limitado. La mayoría de los países deberán liberar más espacio del espectro para las comunicaciones inalámbricas, aumentando las señales utilizables entre un 50% y un 100%. Las nuevas conexiones darán valor a empresarios, sociedades y economías, permitiendo a la gente administrar mejor sus recursos y tomar decisiones más informadas. Para hacer realidad este futuro debemos comenzar a concebir de modo diferente la interacción entre las redes y los modelos de negocio.

Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

TE RECOMENDAMOS
A LA CARTA