RBI: ¿puede sobrevivir a la financiarización?

29 jun 2019 / 00:01

El ingreso básico universal no es un concepto nuevo, pero ha cobrado nueva vida en los últimos años. Voces de izquierda y de derecha hoy sostienen que el RBI podría ser la clave para resolver los principales problemas sociales y estructurales, incluidos desempleo y subempleo tecnológico, extrema pobreza, trampas de la beneficencia y los desincentivos ocultos para trabajar. Al liberar a la gente de los grilletes de empleos de baja calidad y de la burocracia interminable, sostiene la lógica, un RBI le permitiría alcanzar su pleno potencial. Es un argumento atractivo, en especial en un momento de estancamiento salarial prolongado, pobreza persistente, creciente desigualdad y bajo crecimiento económico. Pero hasta el momento, las únicas versiones de RBI puestas a prueba -en Canadá, Finlandia, Kenia y Holanda- no son más que modalidades nuevas de desempleo y asistencia social; y contradicen la lógica fundamental de un RBI. Las estrategias incrementales para un RBI pueden impulsar la reforma de la asistencia social. Al reducir o eliminar la necesidad de comprobación de recursos económicos y otras formas de condicionalidad, los esquemas basados en un RBI pueden aliviar las cargas burocráticas y costos administrativos asociados, ofreciendo a la vez un nuevo canal de ingresos para los pobres. Los controles y condicionalidades que han caracterizado a los programas de comprobación de recursos económicos que han proliferado desde los años 1990, sobre todo en el Sur Global, están demostrando ser ineficientes. Hacer que las transferencias de ingresos sean verdaderamente “libres de obligaciones”, sería una victoria importante, pero esto podría surgir porque sirve a un nuevo régimen de acumulación que puede garantizar que cualquiera tenga un ingreso monetario regular sin ataduras. A su vez, a todos los ciudadanos se les brindará acceso permanente a los mercados financieros, cuyo avance ha cobrado dimensiones asombrosas. En 1990 los activos financieros globales representaban 50 % del PIB global (unos $ 150 billones); en 2015 la cifra superó el 400 % del PIB global ($ 500 billones). Bajo el capitalismo financiarizado, los flujos de ingresos regulares facilitan la incorporación de mercados y la inclusión financiera. Las innovaciones financieras basadas en préstamos respaldados por ingresos a individuos son uno de los pilares de una dinámica de securitización que permite la continua renegociación de deuda, y la continua expansión y consolidación de nuevos instrumentos financieros. Lejos de servir como una ruta revolucionaria a la libertad del látigo del mercado, el RBI puede terminar amarrando a todos los ciudadanos a un capital rentista a través del endeudamiento. No tiene que ser así. Deben cumplirse ciertas condiciones para impedir que un RBI esté subordinado a la mentalidad dominada por las finanzas: debe establecerse no como complemento para medidas de asistencia social, sino como medio de acceso totalmente desmercantilizado a las necesidades básicas, incluidos comida, vestimenta y transporte. Ofrecer la cantidad suficiente es la única manera de disminuir la posibilidad de que un RBI sirva principal y predominantemente como garantía. Los gobiernos necesitarían garantizar los servicios públicos vitales (atención médica universal y gratuita, educación y capacitación) y políticas sólidas en materia de vivienda, para asegurar que el aumento de ingresos reales no alimente la especulación inmobiliaria. La regulación del sector financiero tendría que fortalecerse considerablemente, y deberían introducirse impuestos elevados a las rentas financieras, para revitalizar la economía real.

Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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