¿Quién ganará el siglo XXI?

05 ago 2019 / 00:01

Las dos primeras décadas del siglo XXI están empezando a proyectar una larga sombra sobre el mundo occidental. Ha transcurrido mucho tiempo desde que comenzó el siglo, cuando la gente en todas partes, y particularmente en Europa, abrazaba de manera indulgente el “fin de la historia”: la victoria de Occidente en la Guerra Fría -la última de las tres grandes guerras del siglo XX- había dado lugar a un orden mundial para el cual no podía haber alternativas. A partir de entonces la historia mundial marcharía firmemente hacia la universalización de la democracia y la economía de mercado al estilo occidental. La red de alianzas e instituciones que sostenían el predominio de Occidente está demostrando ser un producto del siglo XX, y su futuro está en duda. El orden global está atravesando un cambio fundamental, su centro de gravedad gira del Atlántico Norte al Pacífico y al este de Asia. China está a punto de convertirse -económica, tecnológica y políticamente- en potencia mundial y en único rival del principal poder hegemónico, Estados Unidos. Y EE. UU. se están cansando de su papel de liderazgo global. Rusia apuesta a las armas nucleares. Sin embargo, en el siglo XXI, el poder no estará determinado por el propio arsenal nuclear, sino por un espectro más amplio de capacidades tecnológicas basadas en la digitalización. Quienes no estén a la vanguardia de la inteligencia artificial (IA) y del Big Data inexorablemente se volverán dependientes de otras potencias, que terminarán controlándolos. La cuestión más importante que enfrenta la nueva Comisión Europea es la carencia de soberanía digital de Europa. Su dominio de la IA, el Big Data y las tecnologías relacionadas determinará su competitividad general en el siglo XXI. Los europeos deben decidir quién será el dueño de los datos necesarios para alcanzar la soberanía digital, y qué condiciones deberían gobernar su recopilación y uso, cuestiones que determinarán el destino de la democracia en Europa, y si su futuro será de prosperidad o de decadencia. Así las cosas, deben decidirse a nivel europeo, no a criterio de los Estados-naciones individuales. De igual importancia es que estas cuestiones se respondan hoy. Europa necesita hacer rodar la bola digital –o le pasará por encima. En los próximos años, el diseño y la producción automotriz, la ingeniería mecánica, la medicina, la defensa, la energía y los hogares privados se verán alterados por las tecnologías digitales. Los datos generados desde estos sectores en gran medida serán procesados a través de la nube, lo que significa que el control de la nube será vital para el destino económico y estratégico de largo plazo de los países. Para salvaguardar su soberanía digital, Europa necesitará hacer enormes inversiones en capacidad de computación en nube y los otros recursos físicos que sustentan la revolución digital. Ha sido demasiado lenta e indecisa en este sentido. Su desafío consiste en alcanzar a EE. UU. y a China, para no quedar rezagada de manera permanente. Su desventaja competitiva exige un cambio fundamental de estrategia al más alto nivel. Las instituciones de la UE tendrán que liderar a la hora de establecer regulaciones y junto con los Estados miembro, ofrecer el financiamiento necesario. Pero garantizar su soberanía digital implicará un esfuerzo mucho mayor, que involucre a empresas, investigadores y políticos.

Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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