“¡Qué oficios aquellos!”

30 mar 2019 / 00:00

    Recuerdo que a mi paso por los parques de la ciudad, el Centenario sobre todo, no solo me encontraba con predicadores evangelistas que recomendaban receptar y obedecer los mensajes de los evangelios. También a los actores callejeros que improvisaban escenarios para presentar sus rápidas obras teatrales y luego “pasar el sombrero”. Y, por supuesto, de eso hace ya algunas décadas atrás, también me topaba con el astrónomo Eloy Ortega, ahora ya desaparecido, que nos dejaba ver los misterios del firmamento a través de su telescopio por unas cuantas monedas. Y, claro, cómo olvidar tampoco a los fotógrafos con su máquina sostenida sobre cuatro frágiles patas y ellos que metían sus cabezas en una funda oscura al momento de tomar una foto que luego revelaban con oficiosa prisa. Oficios estos, entre otros, como el de afilador de cuchillos. O los vendedores de “can de Suiza”, que portaban una pequeña ruleta con el “sapito de tu hermana tan chiquito y cómo gana” o “la vieja de tu abuela que todavía da candela” que, paradójicamente, con tal “gancho algo procaz y sensual” ofrecían su producto más que nada a una clientela infantil. El periodista Germán Arteta Vargas, de larga trayectoria con una original columna sobre los aconteceres citadinos del Puerto, acaba precisamente de publicar un copioso libro, con abundante y llamativa ilustración gráfica, que ha titulado ¡Qué oficios aquellos!, en donde pone a funcionar no solo la memoria sino también la nostalgia de lectores, especialmente de adultos y más que nada de la llamada tercera edad. Allí aparecen, por ejemplo, los “jureros falsos”, que podían asegurar ante los jueces, comisarios y fiscales lo muy inverosímil como si lo hubieran visto con sus propios ojos. También el hojalatero, el carpintero y el sastre de barrio que han ido desapareciendo por culpa de la prosaica modernidad. O el vendedor de “raspados”, en sus clásicas carretillas, con mis productos preferidos y congelados que eran los de naranjilla con rosa o los de crema. O el “agente viajero”, también pasado de moda. O el telegrafista que enviaba o recibía los ya obsoletos telefonemas. La lista es larga y un montón de oficios quedan dentro del tintero con su respectiva nostalgia.

    Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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